Me encanta tu actitud al recibir un domingo, cuando complaciente,
te preparo una taza de café.
Me gusta tu gesto atento, esperando que la ducha me devuelva a tu
querer.
Me gusta que me desees,
me gusta que me contemples,
me gusta que me provoques,
me gusta que me devores.
Entre sorbo y sorbo y tu deseo,
mi cuerpo te entregaré.
Cuando la infusión se termine,
la lujuria se pondrá en pie.
Cayó mi toalla,
tu mano se alarga,
mi piel a tu antojo,
domingo glorioso.
Ser observad@ también es excitante...
ResponderEliminarSobre todo cuando ves ese brillo lujurioso en las pupilas de la persona que con deseo te observa. Gracias.
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