Lejos de parecer una inocente víctima, la mujer que así se muestra
hace una envenenada entrega.
Engañando al varón que así la toma, quien la considera suya,
sabiendo que la verdad es que sucumbirá, cuando a su voluntad, sus caderas
pidan guerra.
El hombre entrará en barrena,
la mujer tomará las riendas,
y cuando menos se lo espere,
con un buen giro de nalgas,
perderá el control y el norte,
vaciando en ella su esencia,
a la vez que gime y gruñe,
mientras la dama, traviesa,
esboza una bella sonrisa
disfrutando de su presa.