Exhausto busqué el descanso mientras tu cuerpo duchabas.
Ávida de mí, sin compasión me tomaste, una y otra vez hasta saciar
la fogosidad que entre los muslos te quemaba, y sólo cuando por fin, satisfecha
tú quedaste, a mi voluntad dejaste que quisiera descansar.
Lo haré temeroso de que la tibia agua, de nuevo, despierte tu
fuego y me vuelvas a tomar.
Preparado estaré, recuperado y dispuesto para poderte complacer de
nuevo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario sincero sobre lo que te ha parecido el relato. Lo leeré con mucha atención. Gracias.