Exhausto busqué el descanso mientras tu cuerpo duchabas.
Ávida de mí, sin compasión me tomaste, una y otra vez hasta saciar
la fogosidad que entre los muslos te quemaba, y sólo cuando por fin, satisfecha
tú quedaste, a mi voluntad dejaste que quisiera descansar.
Lo haré temeroso de que la tibia agua, de nuevo, despierte tu
fuego y me vuelvas a tomar.
Preparado estaré, recuperado y dispuesto para poderte complacer de
nuevo.
Tras el goce el cuerpo necesita reposo y también existen formas de disfrutar de él...
ResponderEliminarPor supuesto, sereno disfrute el del reposo.
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