Y de nuevo amanece lluvioso, pero se intuye que por poco tiempo
más. La luz clarea tras las nubes grises que lloran como plañideras en el más
triste de los funerales.
Miro por la ventana reflexivo, mientras intento despejar mi mente
a sorbo de café caliente, todavía con el pijama puesto, y me giro para
deleitarme con la belleza de tu cuerpo yaciente y despreocupado, todavía protegido
bajo el edredón. E, inevitablemente, a mi recuerdo viene la sedosidad de tu
piel y el sabor de tus besos, el dulce calor de tu cuerpo y la cálida humedad
de tu sexo, lo que me provoca una inesperada, involuntaria e inquietante erección.
La noche fue cómplice de nuestros amoríos y pasiones, y de la explosión
de colores que nuestras mentes vislumbran cuando, jadeantes y sudorosos,
nuestros cuerpos se acompasan sincronizados alcanzado por fin el orgasmo deseado.
Sonrío y pienso lo que más te apetecería ahora, si te despertara
con mi cabeza entre tus muslos, sintiendo los besos de mis labios entre tus
muslos y mi lengua rozando tu delicada flor.
Pero antes prepararé otro café, aromático café para terminar de
desperezar el cuerpo.
¿Te apetece una taza?
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