Paciente, espero tu llegada en la penumbra del salón.
Un viejo whisky me acompaña al paladar, a la vez que dibuja en mi
mente lascivos encuentros.
La intensidad del sabor alimenta mi deseo, mientras le dicta a mi
lujuria la forma de poseerte, en aras a tu máximo placer.
Cada pequeño sorbo es un plus de excitación, un olor, un recuerdo,
una caricia, una pasión.
Cuanto más tarde llegues, más tiempo te mantendré al abismo del
orgasmo, en esa turbadora agonía que licua tu entrepierna.
¿Vas a demorarte mucho?
No aguantaré mucho más.
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