Igual que el hilo enhebra la aguja,
con mi mástil te enhebro a ti,
quedando mi resto colgando,
cubriendo tu oquedad al fin.
Dejando que el hilo mojado
atine en su objetivo vil,
sintiendo como al penetrarte
entro hasta el fondo y al fin,
destilas tu néctar salado,
te corres gozosa en mí.
Nunca había visto la costura de una forma tan placentera...
ResponderEliminarLa mayoría de las escenas cotidianas tienes múltiples interpretaciones en las mentes inquietas. Gracias.
Eliminar