Debió de gustarte el juego, o quizá, lo que bajo el tejano
encontraste.
Sin pedir permiso jugaste,
con tu juguete latente,
con mi miembro palpitante,
hasta quedar satisfecha al fin.
Otra tarde, sosa de mayo, en la que aburrida quieres jugar.
Y tras un descuido fugaz,
cuando me desperezaba,
tu mano volvió a bucear
bajo la tela tejana.
Abriste la cremallera y soltaste el cinturón.
Curiosa tu mano buscó
entrando por la bragueta,
asiendo sobre el calzón
mi masculinidad erecta.
Y de nuevo, y a tu antojo, con capricho la agitaste,
queriendo que derramase
toda mi esencia vital.
Y sin darle libertad,
con acertados envites,
me provocaste bramar
al sentirme desbocado
en tan dulce galopar.
No quedaste satisfecha tras tu juego aliviador,
pues revancha me pediste,
solicitando que yo,
tu lujuria complaciese,
aplicando compasión
al calor que, en tu entrepierna,
bajo tus braguitas blancas
te quemaba con ardor.
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