Mi cuerpo llevaba tiempo despertando inquieto y sudoroso después
de fantasear con tenerte entre mis brazos, en tórridos sueños que, en más de
una ocasión, me llevaron a adolescentes términos.
Agitado y excitado, la imagen de tu cuerpo se apoderaba de mi
deseo, sentía tu olor, tu calor y tu humedad, haciéndome imposible contener la
tensión que provocabas bajo mi ombligo.
Noche tras noche, inocentemente, confiaba en que la serenidad
regresaría a mi bajo vientre y, sin embargo, mañana tras mañana amanecía más
excitado que el día anterior, si cabía tal posibilidad.
Así concluí lo que me ocurría contigo. Acumulaba mis ganas por ti.
¿Y tú, las tienes por mí?
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