Y tu evocador aroma, impregnado en la almohada, despertó de nuevo
mi instinto, avivando los rescoldos que todavía se mantenían vivos en mi somnolienta
entrepierna.
Noche en la que saciaste tu sed y tu hambre de mí, exprimiéndome
sin compasión hasta dejarme exhausto y complacido.
La luna marcó tu ritmo y tu lujuria y, solo cuando tu deseo
sentiste saciado, me permitiste descansar.
Pero la erección me sorprendió al percibir tu perfume entre las
sábanas, dirigiendo, lenta e inconscientemente, mi mano hasta mi sexo para
comprobar la turgencia de tu provocación.
Ven de nuevo y termina lo que dejaste anoche con vida. Mátame de
pasión por la mañana.
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