Alcanza, bajo tus dedos, el miembro terso y turgente.
Suelta el botón, libera la presa, caza tu pieza, date un festín.
Nada es lo que parece, pues hasta el más romántico de los hombres tiene su lado oscuro.
Alcanza, bajo tus dedos, el miembro terso y turgente.
Suelta el botón, libera la presa, caza tu pieza, date un festín.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Habíamos quedado el día anterior en que pasarías por mi casa para
desayunar juntos y, desde allí, salir a ese pequeño pueblo encantador, para
pasar el día fuera y comer en su bonito restaurante.
Como siempre, después de desperezarme, me duché. Apenas había
terminado de secarme cuando sonó el timbre de la puerta. Nervioso, miré el
reloj, pensando que me había demorado demasiado bajo el agua, lo que en
ocasiones me pasaba, cuando me quedaba extasiado disfrutando de una ducha
consciente, en la que seguía el recorrido del torrente de agua por cada poro de
mi piel, pero en esta ocasión comprobé que no, que eras tú la que se había
adelantado en demasía.
Como pude, apresurado, salí a abrir, con la toalla resbalando por
mis caderas justo cuando giraba el picaporte para franquearte el paso. Tus ojos
bajaron a la altura de mi ombligo, observando muda lo que por descuido
mostraba. Miré lo qué veías con tus pupilas brillantes y curiosas, nuestras
miradas se cruzaron, esbozaste una aviesa sonrisa y reímos al unísono.
Pusiste tu mirada más traviesa y me dijiste: podemos retrasar la
salida un par de horas, se me ha abierto el apetito, y cogiéndonos de la mano
fuimos camino de mi habitación donde lentamente te ayudé a desnudarte, mientras
mi toalla caía por completo sin pudor.
Nos tumbamos sobre la cama. A la vez que nos besábamos
apasionadamente hice resbalar tus braguitas por tus muslos y, poniéndome sobre
ti, me ayudaste a encontrar la puerta del paraíso que custodiabas entre tus
muslos.
El calor se apoderó de nuestro de deseo, los gemidos ambientaron
el encuentro, el naciente sol templó nuestros desnudos cuerpos y un placer
agónico nos acompañó hasta estallar sorprendidos en un clímax simultaneo y
multicolor.
Nuestras miradas volvieron a cruzarse. Volvimos a reír al unísono.
Cogidos de la mano quedamos unos instantes inmóviles, tumbados boca arriba,
recuperando el aliento.
Antes de recomponernos solo alcancé a preguntarte:
¿Vendrás a desayunar mañana también?
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Y tu evocador aroma, impregnado en la almohada, despertó de nuevo
mi instinto, avivando los rescoldos que todavía se mantenían vivos en mi somnolienta
entrepierna.
Noche en la que saciaste tu sed y tu hambre de mí, exprimiéndome
sin compasión hasta dejarme exhausto y complacido.
La luna marcó tu ritmo y tu lujuria y, solo cuando tu deseo
sentiste saciado, me permitiste descansar.
Pero la erección me sorprendió al percibir tu perfume entre las
sábanas, dirigiendo, lenta e inconscientemente, mi mano hasta mi sexo para
comprobar la turgencia de tu provocación.
Ven de nuevo y termina lo que dejaste anoche con vida. Mátame de
pasión por la mañana.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Sabiéndote merecedora
del placer de anoche ausente,
buscas calmar tu delirio
amaneciéndome pronto y caliente,
con tus sutiles caricias,
con tu piel resplandeciente.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Y de nuevo amanece lluvioso, pero se intuye que por poco tiempo
más. La luz clarea tras las nubes grises que lloran como plañideras en el más
triste de los funerales.
Miro por la ventana reflexivo, mientras intento despejar mi mente
a sorbo de café caliente, todavía con el pijama puesto, y me giro para
deleitarme con la belleza de tu cuerpo yaciente y despreocupado, todavía protegido
bajo el edredón. E, inevitablemente, a mi recuerdo viene la sedosidad de tu
piel y el sabor de tus besos, el dulce calor de tu cuerpo y la cálida humedad
de tu sexo, lo que me provoca una inesperada, involuntaria e inquietante erección.
La noche fue cómplice de nuestros amoríos y pasiones, y de la explosión
de colores que nuestras mentes vislumbran cuando, jadeantes y sudorosos,
nuestros cuerpos se acompasan sincronizados alcanzado por fin el orgasmo deseado.
Sonrío y pienso lo que más te apetecería ahora, si te despertara
con mi cabeza entre tus muslos, sintiendo los besos de mis labios entre tus
muslos y mi lengua rozando tu delicada flor.
Pero antes prepararé otro café, aromático café para terminar de
desperezar el cuerpo.
¿Te apetece una taza?
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Comienza marzo a ritmo de sábado con plomizo cielo y fresco
amanecer.
Despertar acompañado con ganas de recuperar la energía por la
noche gastada.
Cocina en pareja, desayuno compartido y juegos matinales.
Abrazos por la espalda, besos en la nuca, y tostadas torcidas.
Mañana traviesa de deseados bocados.
Carnales pasiones.
Pijamas candentes.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Huyendo del madrugador sol
de sus rayos me protejo,
abandonado y sin techo
de tu pasión y calor.
Larga fue la noche oscura.
Besos nos dimos sin fin,
nos amamos con trajín,
energía y sin censura.
Mi cuerpo fue tu deseo,
el tuyo un templo sagrado,
venerado y adorado
hasta llevarte al etéreo
éxtasis de goce alado.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Y en la discreta biblioteca se consumó el clandestino encuentro.
Comunión carnal entre inertes volúmenes.
Gemidos ahogados entre silentes letras.
Húmedos placeres entre estanterías repletas de eróticos libros y
sexuales escenas.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Dame la fuerza de tu mano hasta que se desaten nuestros vientres.
Frunce mis dedos con tus dedos hasta que se desborden, calientes,
nuestros cuerpos entregados, ardientes y acompasados, en imposibles vaivenes.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Perezosa, haces pereza
tumbada sobre la cama.
Mis besos no te despiertan,
aún tienes dormida el alma.
Recuperas la energía que,
sin medida gastaste,
anoche fuiste una loba
bajo la luna brillante.
Mi cuerpo, exhausto dejaste,
tus deseos complacidos
se entregaron a ese arte.
Descansa, no tengas prisa,
paciente aguardo tu vuelta,
Morfeo te dará suelta,
te espera mi carne limpia,
dura, turgente, lúcida,
para tu entrepierna hambrienta.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Noche tórrida de anticipado verano en la que, despreocupados, salimos al jardín, ligeros de ropa, buscando alivio al calor en las inocentes ...