Ante mi timidez, con tu cariño me diste la confianza que
necesitaba para mostrarme a ti desnudo, sabiendo que con tus manos cubrirías la
rebelde carne creciente, deseosa de ser asida y agitada, con el deseo entre los
dos latente.
Nada es lo que parece, pues hasta el más romántico de los hombres tiene su lado oscuro.
Ante mi timidez, con tu cariño me diste la confianza que
necesitaba para mostrarme a ti desnudo, sabiendo que con tus manos cubrirías la
rebelde carne creciente, deseosa de ser asida y agitada, con el deseo entre los
dos latente.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Con mirada inocente me preguntaste ¿Crees que soy buena niña?
Y antes de articular palabra, tus ojos brillaron mientras me
mirabas con picardía, al tiempo que agitabas con descaro la botella, haciendo
saltar su contenido con la fuerza de un géiser, soltando una carcajada
diabólica, a la vez que clavabas tu mirada en mi entrepierna.
Eres perversa, te dije entonces, sabedores de la erección que tu
maldad había provocado al verte disfrutar con ese gesto, alegoría de la acción
que horas nates habías ejecutado con maestría en mi carnal anatomía.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Mi cuerpo llevaba tiempo despertando inquieto y sudoroso después
de fantasear con tenerte entre mis brazos, en tórridos sueños que, en más de
una ocasión, me llevaron a adolescentes términos.
Agitado y excitado, la imagen de tu cuerpo se apoderaba de mi
deseo, sentía tu olor, tu calor y tu humedad, haciéndome imposible contener la
tensión que provocabas bajo mi ombligo.
Noche tras noche, inocentemente, confiaba en que la serenidad
regresaría a mi bajo vientre y, sin embargo, mañana tras mañana amanecía más
excitado que el día anterior, si cabía tal posibilidad.
Así concluí lo que me ocurría contigo. Acumulaba mis ganas por ti.
¿Y tú, las tienes por mí?
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Debió de gustarte el juego, o quizá, lo que bajo el tejano
encontraste.
Sin pedir permiso jugaste,
con tu juguete latente,
con mi miembro palpitante,
hasta quedar satisfecha al fin.
Otra tarde, sosa de mayo, en la que aburrida quieres jugar.
Y tras un descuido fugaz,
cuando me desperezaba,
tu mano volvió a bucear
bajo la tela tejana.
Abriste la cremallera y soltaste el cinturón.
Curiosa tu mano buscó
entrando por la bragueta,
asiendo sobre el calzón
mi masculinidad erecta.
Y de nuevo, y a tu antojo, con capricho la agitaste,
queriendo que derramase
toda mi esencia vital.
Y sin darle libertad,
con acertados envites,
me provocaste bramar
al sentirme desbocado
en tan dulce galopar.
No quedaste satisfecha tras tu juego aliviador,
pues revancha me pediste,
solicitando que yo,
tu lujuria complaciese,
aplicando compasión
al calor que, en tu entrepierna,
bajo tus braguitas blancas
te quemaba con ardor.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Alcanza, bajo tus dedos, el miembro terso y turgente.
Suelta el botón, libera la presa, caza tu pieza, date un festín.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Habíamos quedado el día anterior en que pasarías por mi casa para
desayunar juntos y, desde allí, salir a ese pequeño pueblo encantador, para
pasar el día fuera y comer en su bonito restaurante.
Como siempre, después de desperezarme, me duché. Apenas había
terminado de secarme cuando sonó el timbre de la puerta. Nervioso, miré el
reloj, pensando que me había demorado demasiado bajo el agua, lo que en
ocasiones me pasaba, cuando me quedaba extasiado disfrutando de una ducha
consciente, en la que seguía el recorrido del torrente de agua por cada poro de
mi piel, pero en esta ocasión comprobé que no, que eras tú la que se había
adelantado en demasía.
Como pude, apresurado, salí a abrir, con la toalla resbalando por
mis caderas justo cuando giraba el picaporte para franquearte el paso. Tus ojos
bajaron a la altura de mi ombligo, observando muda lo que por descuido
mostraba. Miré lo qué veías con tus pupilas brillantes y curiosas, nuestras
miradas se cruzaron, esbozaste una aviesa sonrisa y reímos al unísono.
Pusiste tu mirada más traviesa y me dijiste: podemos retrasar la
salida un par de horas, se me ha abierto el apetito, y cogiéndonos de la mano
fuimos camino de mi habitación donde lentamente te ayudé a desnudarte, mientras
mi toalla caía por completo sin pudor.
Nos tumbamos sobre la cama. A la vez que nos besábamos
apasionadamente hice resbalar tus braguitas por tus muslos y, poniéndome sobre
ti, me ayudaste a encontrar la puerta del paraíso que custodiabas entre tus
muslos.
El calor se apoderó de nuestro de deseo, los gemidos ambientaron
el encuentro, el naciente sol templó nuestros desnudos cuerpos y un placer
agónico nos acompañó hasta estallar sorprendidos en un clímax simultaneo y
multicolor.
Nuestras miradas volvieron a cruzarse. Volvimos a reír al unísono.
Cogidos de la mano quedamos unos instantes inmóviles, tumbados boca arriba,
recuperando el aliento.
Antes de recomponernos solo alcancé a preguntarte:
¿Vendrás a desayunar mañana también?
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Y tu evocador aroma, impregnado en la almohada, despertó de nuevo
mi instinto, avivando los rescoldos que todavía se mantenían vivos en mi somnolienta
entrepierna.
Noche en la que saciaste tu sed y tu hambre de mí, exprimiéndome
sin compasión hasta dejarme exhausto y complacido.
La luna marcó tu ritmo y tu lujuria y, solo cuando tu deseo
sentiste saciado, me permitiste descansar.
Pero la erección me sorprendió al percibir tu perfume entre las
sábanas, dirigiendo, lenta e inconscientemente, mi mano hasta mi sexo para
comprobar la turgencia de tu provocación.
Ven de nuevo y termina lo que dejaste anoche con vida. Mátame de
pasión por la mañana.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Sabiéndote merecedora
del placer de anoche ausente,
buscas calmar tu delirio
amaneciéndome pronto y caliente,
con tus sutiles caricias,
con tu piel resplandeciente.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Y de nuevo amanece lluvioso, pero se intuye que por poco tiempo
más. La luz clarea tras las nubes grises que lloran como plañideras en el más
triste de los funerales.
Miro por la ventana reflexivo, mientras intento despejar mi mente
a sorbo de café caliente, todavía con el pijama puesto, y me giro para
deleitarme con la belleza de tu cuerpo yaciente y despreocupado, todavía protegido
bajo el edredón. E, inevitablemente, a mi recuerdo viene la sedosidad de tu
piel y el sabor de tus besos, el dulce calor de tu cuerpo y la cálida humedad
de tu sexo, lo que me provoca una inesperada, involuntaria e inquietante erección.
La noche fue cómplice de nuestros amoríos y pasiones, y de la explosión
de colores que nuestras mentes vislumbran cuando, jadeantes y sudorosos,
nuestros cuerpos se acompasan sincronizados alcanzado por fin el orgasmo deseado.
Sonrío y pienso lo que más te apetecería ahora, si te despertara
con mi cabeza entre tus muslos, sintiendo los besos de mis labios entre tus
muslos y mi lengua rozando tu delicada flor.
Pero antes prepararé otro café, aromático café para terminar de
desperezar el cuerpo.
¿Te apetece una taza?
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Comienza marzo a ritmo de sábado con plomizo cielo y fresco
amanecer.
Despertar acompañado con ganas de recuperar la energía por la
noche gastada.
Cocina en pareja, desayuno compartido y juegos matinales.
Abrazos por la espalda, besos en la nuca, y tostadas torcidas.
Mañana traviesa de deseados bocados.
Carnales pasiones.
Pijamas candentes.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Noche tórrida de anticipado verano en la que, despreocupados, salimos al jardín, ligeros de ropa, buscando alivio al calor en las inocentes ...