Huyendo del madrugador sol
de sus rayos me protejo,
abandonado y sin techo
de tu pasión y calor.
Larga fue la noche oscura.
Besos nos dimos sin fin,
nos amamos con trajín,
energía y sin censura.
Mi cuerpo fue tu deseo,
el tuyo un templo sagrado,
venerado y adorado
hasta llevarte al etéreo
éxtasis de goce alado.