Vienes, para despertar un viernes,
con el vibrar de tus timbales,
yaces inocente, a veces,
confundiendo mis modales.
Siento tus muslos latir,
siento tu delta inundado,
siento mi cuerpo parir
una dureza en mi falo.
Te abandonas al placer,
registras tu mejor “adagio”,
quieres mi calor lamer
hasta mi último atrio.
Gime, araña, aprieta, goza,
que de tu placer clamado,
brota mi almibarado
néctar de humedad rota.
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