Intenso calor el que sube por mi cuerpo cuando te veo así
postrada, frente a mí, con la mirada fija, con tu trofeo asido con fuerza, con
tus ganas desbocadas, como la salvaje hembra en celo que por fin tiene a su presa
recién cobrada.
Pero con tenerlo tus ganas no quedan saciadas y vas a querer
exprimirlo hasta sacarle la última gota de su esencia blanca. Ignorando mi
presencia, buscando la tersa turgencia, de esa carne alocada que, con tu
intención va creciendo, hasta estar altiva y clara.
Y mi deseo aumenta por sentirlo.
Y de mi garganta salen gruñidos,
cuando con tus artes magnas,
aprietas, agitas, frotas,
mueves, retuerces, desgranas,
alientas, lames y besas,
muerdes, succionas, desgastas
con tus labios endiablados,
hasta que mi negra alma
no soporta la dulzura
de tu desabrida boca
que sin piedad me desangra.
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