Sutil caricia que la piel eriza.
Roce de las yemas de los dedos que, desde tus redondeces, emergen
y despacio avanzan por tu estilizada espalda, hasta alcanzar la ternura de tu
nuca.
Inspira profundo,
relaja tu mente,
disfruta del tacto
en tu piel caliente.
Abandona tu cuerpo,
goza y ahonda,
aprieta con fuerza,
siente, ya mana
tu dulce licor.
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