En las mazmorras del placer, los cuerpos se arquean, se excitan,
se humedecen, arden.
Largas sesiones de intensas sensaciones nos pasean por singulares
goces.
Agónicos sexos claman por el fin de la tortura, desesperados,
erectos, licuados.
Gemidos ahogados.
Un jadeo, un parpadeo, un rítmico balanceo y los cuerpos se funden
en un éxtasis multicolor haciéndonos entrar en un túnel de placer sin fin.
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