Con tus artes conseguiste
que, recién amanecido
mi cuerpo erecto y salido,
tu voluntad consintiese,
mostrándose esplendoroso,
terso, brillante, turgente,
pétreo, diamantino, curioso.
Y con apenas un susurro,
con un rozar de tus labios
de mi cuerpo y sin preludios
mi néctar goteó puro.
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