Siente la sutil caricia del torso de mi mano recorriendo tu
rostro. Inspira hondo, ciega y nerviosa por la intensidad de las sensaciones
amplificadas por la ausencia de visión.
Susurros que te calman, palabras que te excitan, roces que te
arropan, muslos que se agitan.
Cuerpo que indefenso se abandona a los caprichos de tu hombre, ese
que te protege y consuela, que te libera y te llena.
Placer desconocido que te sorprende y te agrada. Dedos que
recorren tu garganta y se aproximan a tu boca, aire que te ahoga cuando te
sientes presa de lo que en tu vientre despierta.
Deseo que se aviva al contacto con mi cuerpo. Tiritas. Pides.
Suplicas. Ruegas saciarte pero no hay prisa. Desesperas.
Y cuando menos lo esperas… te complazco y te arrastro al abismo de
tu clímax.
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