METRICOOL

viernes, 24 de mayo de 2024

DÍA INTERNACIONAL DEL ORGASMO FEMENINO (D.I.O.F.)


Vaya por delante que, en ocasiones, uno se sorprende con las celebraciones de las más variopintas efemérides. No se interprete esta personalísima reflexión como una crítica, sino como eso, sencillamente una sorpresa.

Bajo esta premisa, nos encontramos con que se celebra el día de lo más trascendente y el de lo más peregrino, pasando por el de lo más curioso. Y en ese sentido, despertó mi curiosidad saber que hoy se celebra el Día Internacional del Orgasmo Femenino.

No es que haya sido un alma rebelde ni un defensor de causas perdidas, pero siempre me he posicionado, en debates estériles entre machos alfa, a favor de las mujeres, y siempre he defendido un feminismo equilibrado y sensato, entendiéndose como esto el que reconoce y cree, honestamente, en la igualdad real de hombres y mujeres.

Todavía guardo bonitos recuerdos de mi etapa de joven estudiante, cuando en las fiestas en pisos compartidos, siempre me resultaban mucho más interesantes las conversaciones de mujeres que las de los hombres, en las que, salvo excepciones, solo se hablaba de fútbol, lo cual me aburría soberanamente y por eso, a pesar de intentar socializar con todos, cuando quería darme cuenta, me veía rodeado de chicas, hablando de recetas de cocina, de decoración, de política, de economía o de asuntos de actualidad y no, no pienses que es un estereotipo, eran conversaciones de cierto calado, interesantes y divertidas.

Por otro lado, considero oportuno hacer una aclaración al respecto, por las suspicacias que haya podido levantar. No, mi interés por verme rodeado de chicas no era por ligar, era porque su inteligencia me atraía, me gustaba su forma de enfocar los problemas, su punto de vista de la vida y aprendía de ellas, y me sentía comprendido en mis argumentos sobre los temas de debate, lo que no quiere decir que compartiéramos opinión, pero nos respetábamos en las discusiones y, además, nunca ligaba, en primer lugar porque no era esa mi intención, y en segundo, porque yo era visto por todas como el buen amigo, el chico majo, el confesor discreto, pero no el malote, el atractivo o el guapo y en tercer lugar porque siempre he sido muy tonto para eso, nunca he sabido ligar, no he sabido interpretar las señales del flirteo y eso me ha dejado en el andén cuando ha pasado el tren de la oportunidad en más de una ocasión.

Pero no quiero desviarme de lo que me trae aquí, que es nada más y nada menos que la Celebración del Día Internacional del Orgasmo Femenino.

Y vengo ilusionado por la firme creencia en la reivindicación del poder de la mujer, igual que el del hombre, no más, pero tampoco menos. Por lo que considero que, si un hombre hace cualquier cosa, lleva a cabo cualquier acción, tiene determinado comportamiento, una mujer tiene que ser vista bajo el mismo cristal cuando hace lo mismo, para bien o para mal, y no merece ser criticada, menospreciada, vapuleada socialmente, vilipendiada o incluso descalificada, por no decir insultada, cuando tiene comportamientos que en la masculinidad se consideran como triunfales y en la feminidad como descarados, por ser prudente en las apreciaciones y, naturalmente, acogiéndome al beneficio de las generalizaciones, y creo que los dos sabemos de qué hablo.

Así que aquí estoy, firme defensor de la libertad de acción en todo lo que nos plazca y siempre que respetemos a los demás, lo que incluye, por supuesto, el derecho a disfrutar de nuestro cuerpo, el derecho al placer, el derecho a gozar de maravillosos clímax, por lo que bienvenido sea el Día Internacional del Orgasmo Femenino y, como no podría ser de otra manera, mis más sinceras felicitaciones a todas las mujeres del mundo en un día tan especial.

Porque ¿Qué importa la fuente de placer cuando se alcanza el objetivo? El placer puede ser compartido, en un apasionado encuentro en el que los amantes se dispensan todo tipo de atenciones. Esos besos al comienzo que, poco a poco, comienzan a despertar el deseo y a calentar los cuerpos. Besos que enredan lenguas y arrastran en su jugueteo las manos que buscan pieles, para sentir la suavidad y calor del cuerpo de nuestro amante. Y la temperatura sigue subiendo y los hornos de nuestra entrepierna se encienden. Y las ropas sobran, mientras seguimos besándonos, hasta que las manos torpes, desabrochan corchetes, sueltan cinturones, bajan cremalleras, desabotonan botones y arrancan íntimas prendas en febril arrebato dejando a la luz sexos excitados. Una verga erguida, un coño mojado. Y con el masculino miembro tú te frotas, sin prisa, pero con ganas, arrastrándolo de sur a norte a lo largo de tu entrada, desplegando tus labios, extendiendo tu esencia con la que te lubricas y gozas, apretando, presionando, como tu más íntimo juguete. Deslizándose cada vez más suave, más hinchado, más caliente, pero sin acogerlo en tu cueva. Los cuerpos se tensan, tu espalda arqueas, tus muslos separas y el ritmo aumenta hasta no poder resistir más ese placer y, acompañado de un ahogado gemido, convulsionas apretando mi glande contra tu clítoris, cerrando las piernas, encogiendo el vientre, contrayendo tus músculos, corriéndote presa del gusto en el cuerpo bajo tu ombligo. Recuperas el aliento, risoteas, y sofocado, y todavía erguido y excitado, solo alcanzo a decirte: Feliz Día Internacional del Orgasmo Femenino.

Pero el placer también puede ser pura autocomplacencia, sin necesidad de amantes apasionados, torpes o incómodos. Y todos sentimos la necesidad de liberar la tensión que acumulamos en nuestras gónadas cuando la abstinencia, voluntaria o impuesta, se prolonga más tiempo del deseado. Tensión que se muestra impertinente cuando, desnuda sobre la cama, inspiras profundamente a la vez que cierras los ojos y dejas que tus manos suban desde tus caderas, apenas rozando tu piel, hasta acunar tus pechos mientras, inconscientemente, vas separando tus piernas. Y comienzas a masajearlos suavemente, circunscribiendo tus areolas con las yemas de tus dedos índices, hasta que las notas rugosas y pinzas con cuidado tus pezones tirando suavemente de ellos, a la vez que comienzas a contraer y relajar involuntariamente tus músculos más íntimos, apretando con fuerza tu vagina, cerrando con precisión tu ano, como repitiendo un hipnótico mantra, contrayendo fuerte cuando pinzas tus pezones y relajando los músculos cuando los liberas, hasta que sientes en tu sexo un calor dulce e intenso que necesitas comprobar con tus propias manos, que abandonan tus pechos y, lentamente, se dirigen al sur de tu vientre. Acaricias la cara interna de tus muslos, rozas tus ingles, pasando tus dedos una y otra vez, sintiéndote cada vez más excitada y, mientras apoyas unos dedos sobre tu bajo pubis, tu mano libre busca de nuevo refugio en el calor de tus pezones. Comienzas el juego de las “O” redondas y perfectas sobre tu escondido clítoris, dibujando círculos amplios y presionando con precisión y sin prisa, hasta que el calor aumenta y te sientes húmeda. Y alargas un dedito sobre tu vulva y te sientes abierta, mojada y predispuesta. Lo pasas de arriba hacia abajo muy despacio, disfrutando conscientemente de la caricia sobre las crestas de tus labios vaginales, que comienzas a lubricar con tu propio flujo. Terminas de desplegar los pétalos de tu sexo con una ligera presión en el recorrido de ese placentero camino. Y llevas tu humedad a tu clítoris, que comienza a asomar curioso. Lo rodeas con dos dedos y, sin tocarlo directamente, comienzas a ejercer en sus costados una suave fricción que provoca que termine de salir del capuchoncito de piel que lo protege, hasta que lo sientes congestionado y turgente. Aumentas el ritmo y te aprietas un pecho, que abandonas inmediatamente buscando calmar la atención que tu entrepierna demanda, resbalando un dedito por tu vulva mientras sigues consolando tu clítoris, cada vez más hinchado y sensible, hasta que te penetras tímidamente con un dedo, que te resulta insuficiente para satisfacer tu deseo. Lo liberas y pruebas con dos, que sin dificultad entran en tu interior y los mueves al tiempo que le das unas palmaditas a tu clítoris, lo que te produce un placer inmenso que tienes que verbalizar a golpe de gemidos. Y vuelves a los círculos sobre tu caramelito, esta vez directamente, con tus dedos totalmente embadurnados en tu viscoso néctar, que sigues liberando en el vaivén de los dedos con los que te penetras, cada vez más fuerte, cada vez más rápido, cada vez más adentro. Clavas tus talones en el colchón, arqueas tu espalda, elevas las nalgas, tensas los muslos y a la vez que agitas con violencia los deditos de izquierda a derecha sobre tu inflamado clítoris, rítmicas contracciones se apoderan de tu vientre y te empujan a un espectacular orgasmo. Te dejas caer en la cama, sudorosa, sofocada y satisfecha. Piensas: Feliz Día Internacional del Orgasmo Femenino.

Y más allá de estos placeres, también está el placer de disfrutar con esa mujer que siempre te atrajo, que siempre te gustó y con la que, en alguna que otra ocasión fantaseaste. Porque dime, sinceramente ¿Quién mejor que una mujer para satisfacer a otra mujer? No hay secretos para quien su cuerpo conoce y tiene a su alcance uno igual.

Las formas cambian, los tamaños difieren, las sensaciones puede que no sean las mismas exactamente, pero los puntos, los resortes, los rincones donde están las más sensibles zonas las conoce mejor que nadie.

Y se obra el milagro con delicadeza entre dos mujeres, que saben dónde y cómo tocar, que saben dónde y cómo besar, que saben dónde y cómo lamer. Y las damas, tras los primeros besos tímidos y expectantes, abandonan sus cuerpos al antojo de la otra. Y se buscan con los labios y se tocan con las manos y se frotan con los pubis. Caricias de nalgas desnudas, caricias de espaldas, caricias de muslos, caricias en las sensibles almas. Y se abrazan sintiendo en sus pechos los pechos de la otra, y los pezones se arañan. Y mientras las lenguas luchan, las cinturas se aprietan buscando el ángulo del cuerpo de la otra con el que alimentar el fuego que entre los muslos te abrasa. Tumbadas, una sobre la otra, con las miradas enfrentadas, y te frotas con su pierna mientras con tus pechos juega a la vez que girada con tus manos la masturbas. Y el cielo se nubla y la excitación habla con gemidos contenidos, con jadeos sofocados, con exclamaciones por la sorpresa del placer que te da esa mujer que te ama. Hasta que las palabras ruegan que no dure más la tortura, que termine ya el castigo, que el clímax deseado haga acto de presencia, transportándote a un Olimpo de placer multicolor. Y a esa mujer te abrazas. Y la besas, y consolándola en su placer el cabello del rostro le apartas. Y os miráis y al unísono decís: Feliz Día Internacional del Orgasmo Femenino.

Y hasta aquí mi delirio, mis demonios, mi deseo: queda felicitada. Feliz Día Internacional del Orgasmo Femenino.

 

 

4 comentarios:

  1. Primero muchísimas gracias por un día tan sorprendentemente especial y en segundo qué maravillosa forma de versionar el orgasmo femenino, se ve que eres todo un experto detallista en el tema.

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    1. Muchas gracias, solo puedo decirte que soy detallista, en general, y como tal, me gusta disfrutar de todos los detalles.

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