A un juego te ofrecí jugar.
Sin pensarlo, sí, dijiste,
y al sentirte pronto ciega
tu mejor versión me diste,
sabiendo lo que ha lugar.
Una caricia robada,
un susurro en tus oídos,
una nalgada bien dada.
Pronto tu respiración cambió,
humedad dulce sentiste,
cuando mi rigidez tuviste,
tu entrepierna se apremió.
Sin avisar te corriste.