Si nunca perdí la ocasión para, estando juntos, provocarte con mis
poses, tú nunca desaprovechaste el momento para, con absoluto descaro, buscar
el calor en mi bragueta.
Yo, me dejaba.
Tú, lo gozabas.
Los dos disfrutábamos.
Nada es lo que parece, pues hasta el más romántico de los hombres tiene su lado oscuro.
Si nunca perdí la ocasión para, estando juntos, provocarte con mis
poses, tú nunca desaprovechaste el momento para, con absoluto descaro, buscar
el calor en mi bragueta.
Yo, me dejaba.
Tú, lo gozabas.
Los dos disfrutábamos.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Hoy desperté entre tímido y curioso, entre sensible y provocador,
entre hambriento y desganado.
Perezoso me puse mi bóxer rojo y, sentado frente al espejo, pensé,
vamos a comenzar el día con un gesto positivo y, entre divertido e insolente,
me guiñé el ojo a mí mismo.
Guiño de complicidad, guiño de regocijo, guiño de fortaleza, guiño
de seguridad.
Un guiño a la vida, un guiño al día, un guiño a ti.
¿Me acompañas este martes y lo disfrutamos entre guiños?
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Y cómo, del sol más resplandeciente, pasamos a las más oscuras
tinieblas, no lo sabe nadie. Pero nuestra lucha ganará la batalla, nuestra
fuerza se verá potenciada por las sinergias de nosotros dos para conseguir
vencer al mal y ahí, al final del negro túnel, una luz cegadora ofenderá la
sensibilidad de mis pupilas y, aun así, intuiré tu silueta esperándome
paciente.,
Y te alargaré la mano, y tú la tomarás. Y caminaremos juntos hacia
la claridad para poder apreciar de nuevo nuestros cuerpos. Para mirarnos a los
ojos con deseo, para comenzar a recuperar el tiempo perdido en esta mala
pesadilla.
Los mismos cuerpos que apenas unas semanas no veían el momento de
descansar en la batalla del amor. Esos que no daban tregua a la pasión. Esos
que se arqueaban en gimnásticas formas siempre buscando el punto de máximo
placer.
Respiraciones agitadas y piel erizada al sentir esos dedos
arañando mi espalda, hasta cogerme con fuerza por las nalgas.
Corazones desbocados al sentir mis dedos trotar desenfadados por
la cara interna de tus piernas camino del desfiladero de tus muslos.
Agónicos gemidos cuando la humedad te invade y la tensión me
supera. Jadeos ahogados cuando el abrasador calor de mi masculinidad se abre
camino entre tus dulces y resbaladizos pétalos. Gruñidos de placer cuando nos
fundimos en un solo ser, acoplados en lo más profundo de tus entrañas.
Caderas que agitas con deseo, mientras abrazas mi cintura con tus
muslos. Pechos que se ofrecen ante la búsqueda sedienta de mi boca. Bocas que
se encuentran con deseo, lenguas que se enredan, mientras mi pubis fricciona
con intensidad aplastando tu más delicado caramelo.
Aumento la velocidad de los envites, el aire nos falta a la vez
que una leve transpiración hace que tu pecho brille. Abandonas tu cabeza hacia
atrás, te retuerces con fuerza mientras me mantienes atrapado dentro de ti. Tus
manos en mis caderas dirigen el ritmo endemoniado que quieres egoístamente.
Gimes con fuerza, jadeas con ansia, me muevo con la precisión que
me marcas y te inundo cayendo desfallecido sobre ti.
Nuestros corazones laten acompasados.
Recuperamos el aliento.
Se hizo la luz.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Cápsula de luz en la que disfrutar de tu natural belleza cuando,
lentamente, y entre dulces besos y sutiles caricias, te quito la blusa que
inútilmente intenta ocultar tu cuerpo.
Ser de luz que brillará con propia luz en el momento culmen.
Luz de amor, luz de pasión, luz de fusión, luz de éxtasis cuando
nuestras pieles se fundan en íntima comunión.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Poco importó.
El descansillo presenció, testigo mudo, el ardiente encuentro.
Placer escalado peldaño a peldaño.
Gusto de carne.
Sexo en el canto.
Orgasmo en pendiente.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Indiscreción transparente la del vidrio que muestra el abrazo que
te brindo después de nuestro placer.
Momento mágico de máxima conexión el que se produce cuando,
después de compartir sudores y pasiones, te abrazo para recomponer nuestra paz.
Me gusta mirar por la ventana, ajeno a miradas furtivas, mientras
siento el calor de tu cuerpo en mi piel.
Prepararé café.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Enero cobarde, con frío te fuiste, dejando a su antojo cuerpos
calientes.
Suspiros al alba, del virgen febrero, de amantes que buscan
templarse en el refugio de ardientes besos.
Pasión desbordada,
besos valientes,
caderas punzantes,
sexos urgentes,
amor sin medida,
placeres silentes.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Sacudidas de puro placer
las que agitan nuestros cuerpos
cuando el incipiente clímax
se cierne sobre nosotros.
Cuerpo con cuerpo cubierto,
corazones desbocados,
ritmo de respiración incierto,
caderas de ritmo alocado.
Nuestras miradas clavadas,
nuestros pubis encajados,
sobre mis nalgas tus muslos,
entre los tuyos mi falo.
Me mojas inocentemente,
te riego con mi néctar blanco.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
El impertinente sol despierta mi impertinente deseo.
Recuerdo de tu ausencia en mi regazo, con la piel templada, el
cuerpo caliente y la sangre hirviendo.
Mente indecente que desgrana, paso a paso, tus caricias por mi
anatomía, provocando sensaciones más próximas a la furia de una tormenta de
verano que a la calma de un atardecer en la playa.
Y suenan los truenos estruendosos cuando mi entrepierna
relampaguea eléctrica.
Las nubes negras invaden mi cabeza nublando mi entendimiento.
Descarga fuerte la tormenta mientras me derramo empapando el valle
de mi ombligo.
Quizá después llegue la calma.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Bésame para comenzar la tarde.
Avanza por mi cuerpo mientras la tierra gira.
Recorro tu cuello
y llego a tus senos.
Alcanzas mi pecho,
mi abdomen, mi todo.
Juego en tu ombligo,
desciendo a tu infierno.
Me engulles con ansia,
devoro tu coño.
Gimiendo te corres,
gruñendo te riego.
Cayó el sol, se anunció la luna.
Tu cuerpo en mis labios,
el mío en tu boca.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Dame la fuerza de tu mano hasta que se desaten nuestros vientres. Frunce mis dedos con tus dedos hasta que se desborden, calientes, nuestr...