Hoy desperté entre tímido y curioso, entre sensible y provocador,
entre hambriento y desganado.
Perezoso me puse mi bóxer rojo y, sentado frente al espejo, pensé,
vamos a comenzar el día con un gesto positivo y, entre divertido e insolente,
me guiñé el ojo a mí mismo.
Guiño de complicidad, guiño de regocijo, guiño de fortaleza, guiño
de seguridad.
Un guiño a la vida, un guiño al día, un guiño a ti.
¿Me acompañas este martes y lo disfrutamos entre guiños?
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