Temprano sonó el despertador. Sentado en el lateral de la cama, me
giré y te vi acurrucada bajo el edredón con una cara de felicidad inmensa. Te
sentó bien hacer el amor anoche, pensé para mí, a la vez que sonreía y
recapacitaba –a mí también me sentó bien. Me levanté, y entre somnoliento y
perezoso y me dirigí al baño.
Dejé el agua de la ducha correr hasta que salió caliente. Me quité
la camiseta del pijama cuando sentí tu cuerpo abrazándome por la espalda.
Te voy a dar los buenos días como mereces, me dijiste con tono
lascivo, y sin darme tiempo a articular palabra te sentaste en la encimera del
lavabo y me atrapaste entre tus muslos
El vaho fue testigo del calor de nuestros cuerpos. Furtivo
encuentro en el baño, transpirando como amantes que no encuentran consuelo para
el ardor de sus sexos.
Orgasmos reflejados en el empañado espejo.
Gemidos de fondo, placer infinito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario sincero sobre lo que te ha parecido el relato. Lo leeré con mucha atención. Gracias.