El impertinente sol despierta mi impertinente deseo.
Recuerdo de tu ausencia en mi regazo, con la piel templada, el
cuerpo caliente y la sangre hirviendo.
Mente indecente que desgrana, paso a paso, tus caricias por mi
anatomía, provocando sensaciones más próximas a la furia de una tormenta de
verano que a la calma de un atardecer en la playa.
Y suenan los truenos estruendosos cuando mi entrepierna
relampaguea eléctrica.
Las nubes negras invaden mi cabeza nublando mi entendimiento.
Descarga fuerte la tormenta mientras me derramo empapando el valle
de mi ombligo.
Quizá después llegue la calma.
Adoro las tormentas y la lluvia, maravillosa publicación...
ResponderEliminarMuchísimas gracias.
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