METRICOOL

martes, 5 de diciembre de 2023

MAÑANA HÚMEDA



Mientras afuera llovía, entre tus muslos la mañana húmeda amanecía. Al calor de mi dureza tu vientre se confundía, tu corazón se agitaba, tu sexo se defendía de la lucha de pasiones que en nuestras cinturas había, a golpe de cadera hiriente que en tus entrañas clavaba la erección de mi hombría.


 

lunes, 4 de diciembre de 2023

DAME LA ESPALDA



Dame la espalda con la insolencia de la que haces gala, sabiéndote ganadora de la voluntad de mi mirada que busca tus curvas. Dame la espalda con la incertidumbre que te lleva a intuir lo que a continuación sigue. Muñecas apretadas por mis manos que inmovilizan tus brazos a lo largo de tu cuerpo. Labios que se acercan a tu cuello. Respiración contenida. Vientre encogido. Culo apretado.

Pañuelo de seda, suave y sutil, ligeramente perfumado con mi aroma, que cubre tus ojos. Ciega ante mí, ciega de visión perfecta, lo que no te impide sentir el reflejo del tintineo de la luz de las velas.

Incienso que embriaga y seduce, compases musicales que suenan, tamizados por la confusión de nuestras mentes, alertas y expectantes.

Botones que van abriendo el blanco de tu sedosa blusa. Corchetes que van liberando la opresión sobre tus aterciopelados pechos. Cremallera que rasga el tergal del costado de tu falda. Lengua que recorre tu cuerpo acompañando tu piel en la caída de tu tanga.

Voz que te acompaña y te sugiere, que te tranquiliza y te guía. Sábanas de satén que acogen tu cuerpo. Cinchas suaves que extienden tu cuerpo de esquina a esquina, de pies a cabecero, de muñecas a tobillos, dejándote postrada como la más bella de las estrellas que brillan con luz propia.

Inmóvil y ciega agudizas tus sentidos. Sientes mi calor. Humedeces tus labios con intenciones perversas. Escuchas como me acerco sigilosamente, oyes el flogger surcando el ambiente. La brisa que levanta acaricia tu abdomen. Las colas rozan tu entrepierna. Gemidos. Caderas levantadas. Te muerdes el labio.

Hueles el cuero. Badana curtida con la esencia de tus muslos que poco a poco comienzas a exhalar.

Cadencioso recorrido el del látigo. Roce sutil sobre tu piel. Tortuosa rutina que te hace desesperar por la excitación que alcanzas.

Calor que te asalta. Súplicas de intensidad. Deseo de más.


 

domingo, 3 de diciembre de 2023

AMANECER DESDIBUJADO



El amanecer desdibujó la silueta de mi cuerpo, barrando con su sol mi espalda cuando, confundido, desperté acompañado de tu ausencia.

Contrariado, hundí mi nariz en la almohada y olí tu aroma impregnado en las sábanas, sentí el calor de tu aterciopelada piel, y oí tus gemidos del placer nocturno resonando en mi cabeza.

Y te sentí a mi lado, cuando regresaste después de una ducha.

¿Te apetece un café o prefieres algo dulce?

 

sábado, 2 de diciembre de 2023

ENREJADO



Entregado a ti me tienes,

enrejado a tus vaivenes

de dulces placeres y artes.

Prisionero de tus gustos,

doblegado a tus quereres,

obediente y exigente

de orgasmos indecentes.

Haz que mi piel transpire,

haz que mi cuerpo se enerve,

dame gusto con tu gusto

mientras la sangre nos hierve,

hasta romper por fin la rejilla

y que mi cuerpo se deje.

Hasta llegar a ese clímax

que con fervor exigía

dejar los cuerpos exhaustos,

satisfechos, complacidos

con ese gusto indeleble.

 

viernes, 1 de diciembre de 2023

LA TÉNUE LUZ DEL ALBA



La ténue luz del alba se colaba entre las cortinas reflejando bellas sombras sobre nuestros cuerpos desnudos.

Todavía dormías, como un ángel, apoyada sobre mi pecho y abrazando mi abdomen.

Te besé el rostro retirando el cabello de tu cara, parecías una diosa.

Mi mano acarició tu brazo, tu costado, tu ombligo, tu vientre se encogió e inspiraste, casi inconsciente, profundamente, mientras tu muslo se abrazaba a mi pierna. Un electrizante escalofrío recorrió mi espina dorsal al sentir tu pubis en mi piel. Húmeda todavía, tu vulva se acopló a mí.

Las pocas horas dormidas parecían suficientes para recuperar fuerzas, y deseos.

Mi pene comenzó a crecer, alcanzando una dulce turgencia que aumentaba al roce con tu muslo.

Sin abrir los ojos tus labios buscaron los míos despertando nuestras lenguas.

El calor de nuestros cuerpos aumentó y tus caderas comenzaron a empujar contra mi cuerpo, mientras tu entrepierna resbalaba, apretada contra mi muslo.

Nuestras lenguas peleaban ávidas de confrontación.

Giraste tu cuerpo sobre el mío, sin abrir los ojos, y te pusiste sobre mí, a horcajadas, como una experta amazona.

El roce de tus pezones en mi torso me excitó sobremanera, mi lengua buscó tus senos, los encontró y los besó. Succioné tus pezones entre mis labios y circunscribí tus areolas con la punta de mi lengua hasta sentir la reacción de la rugosidad de tus pezones. Tus caderas comenzaron a moverse buscando el miembro contra el que se frotaba tu sexo. Cuando lo encontró, hábilmente, lo encaró a la entrada de tu gruta de placer y sentí tus labios vaginales aletear sobre mi glande.

Te penetré. Estabas mojada, caliente, excitada. Cuando la cabecita brillante de mi pene entró en ti me detuve, quedé quieto, tus caderas se pausaron, y sentí tu vulva contraerse sobre mí, como dándome un húmedo abrazo que me hizo sentir prisionero y excitándome hasta el límite, provocándome una erección mayúscula.

Mientras comenzaba a elevar mi pelvis para penetrarte tus caderas descendieron sobre mí, golpeaste mi cuerpo y aplastaste mis testículos con tu culo, con ese redondo y rotundo culo.

Mis manos lo tomaron, acariciándolo, mientras iniciabas un infernal baile moviendo tus caderas, bamboleando tus senos sobre mi cara, a la vez que masajeaba tus nalgas hasta que alcancé tu perineo. Recogí tus flujos, lubricantes y viscosos, y acaricié ese territorio de tu anatomía como si fuera tierra de nadie hasta llegar a tu ano. Tu pequeño agujerito era acariciado por la yema de mi dedo, presionado ligeramente, hasta lograr invadirlo, despacito, en un instante de relax.

Suspiraste, jadeaste, me cabalgaste como a tu mejor semental, pidiéndome mi elixir, mientras gemías y sollozabas de placer.

No resistimos más, nos invadimos simultáneamente intercambiando nuestras más preciadas esencias.

Nuestros cuerpos sudorosos se abrazaron, perdiendo la noción del tiempo, del espacio. La intensidad de la luz aumentaba, el calor del día se sentía, no nos importó.

Nos dormimos.

No, no fue un sueño, fue un dulce despertar de miel y rosas, de pasión y sexo.

Te amo, deseo despertar contigo, amanecer con vos.

 


 

jueves, 30 de noviembre de 2023

DULCE FRUTA



Dulce fruta de sabor dulce,

fruta sabrosa y madura

que a mordiscos saboreo

exprimiendo su elixir.

Lamo con fuerza y con ansia

la carne suave y jugosa

que tiembla y se descoloca

al contacto con mi boca.

Suelta su dulce néctar

por segundos abundante,

hasta dejar tus entrañas

secas de acuoso placer.


 

miércoles, 29 de noviembre de 2023

HÚMEDO PLACER



Dime que dormirás, durmiendo,

sudor y calor sintiendo.

Sube el deseo, subiendo,

hasta decir lo quiero, diciendo.

Siente la humedad, sintiendo.

Crece la carne, creciendo.

Arden los cuerpos, ardiendo.

Pide tu placer, pidiendo.

Sueña en tu cama, soñando.

Libera tu clímax, liberando.

Húmedo placer, mojado.


 

martes, 28 de noviembre de 2023

UN AMANECER AL ALBA

 



Un amanecer al alba,

calor de duro verano,

un “ven”, alargas la mano,

voy tras de ti a la terraza.

Patio de rural estancia,

muros de anciana piedra,

recuerdos sin arrogancia.

Una casa en la Toscana,

un amor enamorado,

un deseo del pasado,

un encuentro que complazca.

Esa silla abandonada,

tu sonrisa ladeada,

ese brillo en tu mirada,

mi mano bien sujetada.

Me sientas sin decir nada,

a horcajadas me cabalgas,

gimes, jadeas, me clamas,

hasta que al fin me derramas.


lunes, 27 de noviembre de 2023

RECIÉN CONOCIDOS



Apenas hacía unos días que nos habíamos conocido cuando por fin, de mutuo acuerdo, concertamos una cita. La conexión entre nosotros había sido fantástica, habíamos charlado, tonteado, fantaseado y, por qué no decirlo, apasionado en alguna conversación “intensa”.

La esperé en la cafetería donde habíamos quedado y apareció con puntualidad británica. Estaba resplandeciente y, apenas nuestras miradas se cruzaron, nuestros ojos se iluminaron con un brillo especial. Nos saludamos cortésmente y, al besar su mejilla, sentí como si me faltara el aire.

Charlamos de la vida, de nuestro pasado, de nuestros gustos, de nuestros proyectos de futuro. La conversación transcurrió muy agradablemente, sintiéndonos ambos muy cómodos con nosotros mismos. Como no podía ser de otra manera, también asomaron nuestros lados más perversos, y llegamos a hacernos confesiones sobre nuestras fantasías más secretas. La tarde no dio para más, pero decidimos quedar el viernes para cenar en su casa.

Llegó el día y me presenté con una botella de cava, un brut nature, fresco y agradable. Tomamos algo mientras terminamos de prepararlo todo. El clima era ideal, luz de velas, sutil aroma de incienso y suave música de fondo.

Cenamos y pasamos al sofá donde, ya más cómodos, brindamos con el cava por esa bonita amistad que estaba naciendo.

Poco a poco, sin darnos cuenta, fuimos acercándonos el uno al otro, hasta quedar rozándonos, hasta que nuestros rostros se encontraron, nuestras miradas nos traicionaron y nuestros labios se buscaron, uniéndose en un apasionado beso, campo de batalla de la lucha que emprendieron nuestras lenguas.

Los besos dieron paso a las caricias, a buscar nuestros cuerpos, a una excitación que nos llevó a quedar casi desnudos sobre ese cómodo sofá.

Nos miramos y una carcajada cómplice se escapó de nuestras bocas, mientras cogíamos las copas y le dábamos un sorbo al frío espumoso.

Sin decirme nada me tomó por la mano y tiró de mí, invitándome a seguirla. Acepté el juego y, desnudo de cintura para arriba y con los vaqueros desbotonados, la seguí por el pasillo de su casa, contemplando su cuerpo, apenas tapado por su ropa interior y la blusa desabrochada.

Nada más entrar en su dormitorio, se volvió y, empujándome provocadoramente, me tumbó sobre su cama. Me impresionó. Era una cama acogedora, apenas con unas sábanas revueltas sobre el colchón y con un cabecero de forja que encendía nuestras más lujuriosas fantasías.

Recostado sobre la forja, me deleitó con un particular striptease, lento, en el que dejó caer su blusa al suelo, soltó su sostén, liberando sus preciosos senos de la prisión de su íntima prenda y deslizó su culote, arrastrándolo provocadoramente por sus muslos hasta hacerlo llegar a sus tobillos.

Me cogí al cabecero y, mientras mis labios buscaban sus bamboleantes senos, en un instante, me encontré con las muñecas anudadas a los barrotes por sendos pañuelos de seda. La sensación de sentirme atado, a su merced, me excitó más aún. Pero el juego no había hecho más que empezar. Abrió el cajón de la cómoda y sacó otro suave pañuelo, con el que cubrió mi rostro, privándome del placer del sentido de la vista.

A partir de ahí todo fueron caricias, besos, sensaciones antes disfrutadas, pero ahora amplificadas por la concentración única y exclusiva en sentir.

Sus labios comenzaron a besar mi cuello y siguieron bajando por mi pecho, donde se detuvieron jugando con mis pezones, para continuar hacia mi ombligo. Arqueé mi cuerpo como pude y hábilmente deslizó mi vaquero junto con mi bóxer hasta dejarme completamente desnudo.

Mi excitación era más que evidente y el no saber que vendría a continuación la potenciaba más aún.

Sentí el colchón hundirse a mis lados, y como iba cediendo, por mis laterales hacía mi cabeza, cuando de pronto, sobre mi rostro sentí algo suave y húmedo y el aroma a excitación que su cuerpo expelía. La imaginé en cuclillas, agarrada al cabecero, sobre mi cara. Elevé mi rostro y mis labios rozaron su sexo, lo que provocó que se le escapara un gemido ahogado. Lo besé, lo lamí recorriéndolo en todos los sentidos, tensando mi lengua desplegando sus labios vaginales, deslizándome de norte a sur por su intimidad, desde su ano hasta su clítoris. Movía sus caderas buscando el punto más álgido de placer, dejándose caer más encima de mí, hasta llegar a terminar frotándose con mi rostro, cuando de repente se elevó. Noté el colchón de nuevo hundirse, pero hacia mis pies.

Tenía mi pene dolorido por la erección que la excitación de saborear su sexo me había producido cuando sentí que caía presa de sus manos.

Lo meneó suavemente, de arriba hacia abajo, tomándolo por el tronco. Presionaba fuertemente mi glande y comenzaba a bajar, hasta llegar a mi abdomen, y volvía a subir hasta apretar de nuevo mi glande, en un rítmico movimiento, como queriendo sacar de mí toda mi esencia.

Sentí que me derramaba, arqueé mis caderas, tensé mis muslos, ella lo percibió y paró, pero unas gotas alcanzaron la luz y, provocadoramente las extendió por la cabeza de mi sexo, lubricándolo conmigo mismo.

Avanzó hacia mí de rodillas. Sus pechos rozaban mi estómago, provocándome más aún. Sentí sus pezones sobre mi pecho mientras su sexo comenzaba a frotarse con el mío. Deslizó una mano entre nosotros, tomó mi pene y comenzó a frotar su vulva. Estaba ardiendo, suave, mojada y deseaba penetrarla sin más demora, cuando la encaró a la entrada de su gruta de placer y en un momento, dejándose caer sobre mí, la introdujo hasta aplastar mis testículos con sus nalgas.

Un gemido salió de mi boca y ella lo apagó besándome intensamente. Comenzó a moverse, primero lentamente, luego más rítmicamente, hasta terminar describiendo círculos con sus caderas. Apenas podía empujar con mi cintura, inmóvil bajo su cuerpo. Sentía su mano entre nosotros, acariciando sin duda su clítoris mientras mi polla entraba y salía de su coñito.

Aumentó el ritmo, al tiempo que nuestra respiración se entrecortaba, que nuestros cuerpos comenzaban a traspirar, que nuestros corazones bombeaban desbocados.

Su mano comenzó a agitarse más rápido, nuestros gemidos se convirtieron en jadeos hasta que comenzó a convulsionarse sobre mí, al tiempo que sentía su vagina contraerse sobre mi pene y, sin poder evitarlo, mi esencia blanca y viscosa la inundaba por dentro.

Quedamos inmóviles, con nuestros rostros cruzados, el mío a un lado y el suyo sobre mi cuello, recuperando el aliento, disfrutando del momento.

Al recuperarnos liberó mi vista de su cautiverio, me miró y desafiantemente me dijo: “esto solo es el principio, te voy a tener todo el fin de semana atado al cabecero de mi cama”.

Todavía no sé qué fue, si el tono de su voz, lo que me dijo o la situación, el caso es que tuve otra erección casi instantáneamente.

Solo me liberó para mis necesidades más primarias, teniéndome a su antojo el resto del tiempo. Te aseguro que no fue un calvario, fue el paraíso, previamente anunciado en una de sus confesiones.


 

domingo, 26 de noviembre de 2023

MISTERIO



Acepta el misterio, misterioso, de lo oculto y prohibido.

Excitantes nervios por transgredir la norma.

Placer vivido.


 

INDESCRECIÓN TRANSPARENTE

  Indiscreción transparente la del vidrio que muestra el abrazo que te brindo después de nuestro placer. Momento mágico de máxima conexión...