Mientras afuera llovía, entre tus muslos la mañana húmeda
amanecía. Al calor de mi dureza tu vientre se confundía, tu corazón se agitaba,
tu sexo se defendía de la lucha de pasiones que en nuestras cinturas había, a
golpe de cadera hiriente que en tus entrañas clavaba la erección de mi hombría.
Qué hermosa forma de expresar el acogedor refugio de dos cuerpos en un día lluvioso...
ResponderEliminarEs que no hay mejor refugio.
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