Tarde de domingo al calor de un sofá, abrazos amorosos sobre
cálidos cuerpos, cómplices miradas, brillo en los ojos, deseos latentes, pieles
ardientes que queman la paciencia de mantener puestas las ropas, mientras, los
sexos ocultos crecen, se yerguen, se calientan, se mojan.
Una comienzo tan reconfortante que permite dejarse llevar..
ResponderEliminarEl sofá, y la compañía, invitan a ello.
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