A pesar de dormir menos, el descanso fue reparador, algo
previsible después de horas de nocturna pasión.
Me despertó el olor a café recién hecho y te sorprendí preparando
el desayuno.
Abrazarte por la espalda y deleitarme con el aroma de tu cuello
hizo que ciñera mi cintura a tus nalgas.
Aparecieron las ganas, el calor, el deseo.
Se enfriaron las tostadas mientras nos amamos de nuevo.
Nos dimos los buenos días a golpe de orgasmo.
Placentera mañana.
Hermoso ese constante deseo que es difícil de aplacar...
ResponderEliminarDeseo que sólo encuentra consuelo cuando se satisface.
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