Amaneceres
en los que tu recuerdo invade mi mente cuando todavía estoy dormido. Recuerdos
que me asaltan cuando, con los ojos todavía cerrados, el calor de tu cuerpo
desnudo arropa mi alba. Recuerdos que despiertan mi instinto cuando, con deseo,
confundo el roce de las sábanas con el aterciopelado tacto de tu piel. Inspiro
y disfruto de tan dulce sensación. Sin terminar de despejarme siento mi sexo
crecer al recordar tu cálida humedad anunciando tu deseo de tenerme en tu
interior. Recuerdos y deseos, realidad y fantasía que confunden mi cerebro.
Oigo tus gemidos cuando sientes como te colmo con cada acople profundo y
perfecto. Cuerpos que encajan como piezas del mismo puzle y que fijamos uno al
otro al abrazar y ceñir tu cuerpo al mío, al aprisionar mis caderas con tus
muslos empujando con tus talones en mis nalgas.
Calor
y más calor siento en mí y me siento transpirar. Silencio radiante y siento mi
corazón latir cada vez más rápido, y siento mi respiración cada vez más
agitada, y te siento en la ausencia, y lo que sí siento ya, sin duda alguna es
mi sexo cada vez más palpitante, más rígido, más despierto, más necesitado de
saciar ese primitivo instinto en el interior oscuro del sedoso túnel que se
intuye donde tus piernas convergen.
Necesito
poseerte.
Cuando el deseo invade de esa manera el pensamiento, el corazón también interviene en ese momento. Profunda frase final...
ResponderEliminarEl deseo se adueña de la razón.
EliminarMuy cierta esa frase...
EliminarMuchas gracias.
Eliminar