Y en improvisado y apasionado encuentro, mi mano buscó tu
entrepierna y, al sentirme entre tus muslos, tu mano sujetó la mía, no para
frenar el ritmo, sino para evitar que dejara de complacer tu flor que,
solitaria en su umbría, comenzaba a destilar su néctar, hasta manar incesante
de dulce licor y dicha.
Un atrevido encuentro...
ResponderEliminarAtrevido, pero consentido.
EliminarNo me cabe la menor duda siendo todo un caballero...
EliminarNo podría ser de otra manera, no lo entiendo de otra forma.
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