Entregado a ti me tienes,
enrejado a tus vaivenes
de dulces placeres y artes.
Prisionero de tus gustos,
doblegado a tus quereres,
obediente y exigente
de orgasmos indecentes.
Haz que mi piel transpire,
haz que mi cuerpo se enerve,
dame gusto con tu gusto
mientras la sangre nos hierve,
hasta romper por fin la rejilla
y que mi cuerpo se deje.
Hasta llegar a ese clímax
que con fervor exigía
dejar los cuerpos exhaustos,
satisfechos, complacidos
con ese gusto indeleble.
Una hermosa entrega cuando alguien se rinde a tus deseos pero el único propósito es el placer mutuo...
ResponderEliminarEse debería ser siempre el único propósito, el placer mutuo y compartido.
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