Y ante tu arrogancia te propuse un juego de cartas, donde el que perdía se sometía y el que ganaba dirigía. Aceptaste y saqué de un bolsillo de mi chaqueta la baraja francesa, y fue al verme remover las cartas cuando un rayo helado recorrió tu espalda, hasta hacerte casi palidecer, tragaste saliva e inconscientemente una tímida sonrisa adornó tu rostro. Tu inocencia y vanidad te llevaron a pensar que quizá podrías ganarme, cuando este tahúr se había forjado en las más variopintas timbas. Te rendiste antes de repartir, cuando al clavar mis ojos en tus pupilas adivinaste lo que quería y, sin tener que pedírtelo, te sacaste las bragas y me las diste en la mano. Las llevé a mi nariz e inspiré tu aroma, ese olor a hembra necesitada de su macho, ese olor que hizo que mi bragueta se abultara en segundos, lo que no pasó desapercibido para ti. Me acerqué, te cogí por la coleta y tiré de tu pelo hacia atrás, dejando tu cuello a mi alcance, para comenzar a mordisquearlo, subiendo hasta tu boca, donde nuestras lenguas comenzaron a enredarse. Alargaste las manos y soltaste mi cinturón, mientras desabrochaba el cierre de tu sostén, dejando que tus hermosos pechos respiraran libertad. Tus manos liberaron hábilmente mi pene de su cautiverio a la vez que te remangaba el vestido dejando tu sexo al aire, momento que aprovechaste para, subiendo un pie a una silla, frotarte con mi glande. Pronto afloró tu humedad embadurnando viscosamente la cabeza de mi ariete, pronto sentí tus labios resbalando sobre mi verga cuando la movías de abajo hacia arriba sobre tu vulva. Pronto comenzaste a buscar la manera de tenerme dentro. Pronto encontré la forma de empujarme en tu interior. Pronto suspiraste, gemiste, jadeaste, te corriste. Estabas realmente excitada y necesitada. Más mojada aún, te volteé y puse de espaldas, y dejando tus nalgas desnudas ahora fui yo quien te frotaba pasando mi polla entre tus muslos. Apoyaste tus manos sobre el respaldo de la silla. Tus caderas nerviosas describían diabólicos círculos buscando que cayera en tu profundidad, hasta que encontré el momento, encontré el camino, y de un golpe seco entré hasta el final, haciendo que dieras un placentero respingo. Y la erección me llevó a empujar con fuerza, cada vez más rápido, haciendo que tus pechos se bambolearan alegremente. Y cada vez te mojabas más, y cada vez me deslizaba mejor, y cada vez más tu humedad me impregnaba, resbalando por el tronco de mi falo y goteando por mi escroto. Y me sentí ido, confuso, abatido, extasiado y una cachetada hizo que agitaras tus caderas y que comenzara a inundarte con mi esencia espasmódicamente. Y la partida terminó, cuando el almibarado néctar resbalaba por tus muslos, cuando ese olor a clímax inundó la estancia, cuando ese grito de placer me indicó que habías vuelto a correrte, cuando caí sobre tu cuerpo completamente derrotado, cuando esa baraja volvió de nuevo al bolsillo de mi chaqueta. ¿Quieres jugar otra partida?
Nada es lo que parece, pues hasta el más romántico de los hombres tiene su lado oscuro.
METRICOOL
viernes, 27 de enero de 2023
TAHÚR
Y ante tu arrogancia te propuse un juego de cartas, donde el que perdía se sometía y el que ganaba dirigía. Aceptaste y saqué de un bolsillo de mi chaqueta la baraja francesa, y fue al verme remover las cartas cuando un rayo helado recorrió tu espalda, hasta hacerte casi palidecer, tragaste saliva e inconscientemente una tímida sonrisa adornó tu rostro. Tu inocencia y vanidad te llevaron a pensar que quizá podrías ganarme, cuando este tahúr se había forjado en las más variopintas timbas. Te rendiste antes de repartir, cuando al clavar mis ojos en tus pupilas adivinaste lo que quería y, sin tener que pedírtelo, te sacaste las bragas y me las diste en la mano. Las llevé a mi nariz e inspiré tu aroma, ese olor a hembra necesitada de su macho, ese olor que hizo que mi bragueta se abultara en segundos, lo que no pasó desapercibido para ti. Me acerqué, te cogí por la coleta y tiré de tu pelo hacia atrás, dejando tu cuello a mi alcance, para comenzar a mordisquearlo, subiendo hasta tu boca, donde nuestras lenguas comenzaron a enredarse. Alargaste las manos y soltaste mi cinturón, mientras desabrochaba el cierre de tu sostén, dejando que tus hermosos pechos respiraran libertad. Tus manos liberaron hábilmente mi pene de su cautiverio a la vez que te remangaba el vestido dejando tu sexo al aire, momento que aprovechaste para, subiendo un pie a una silla, frotarte con mi glande. Pronto afloró tu humedad embadurnando viscosamente la cabeza de mi ariete, pronto sentí tus labios resbalando sobre mi verga cuando la movías de abajo hacia arriba sobre tu vulva. Pronto comenzaste a buscar la manera de tenerme dentro. Pronto encontré la forma de empujarme en tu interior. Pronto suspiraste, gemiste, jadeaste, te corriste. Estabas realmente excitada y necesitada. Más mojada aún, te volteé y puse de espaldas, y dejando tus nalgas desnudas ahora fui yo quien te frotaba pasando mi polla entre tus muslos. Apoyaste tus manos sobre el respaldo de la silla. Tus caderas nerviosas describían diabólicos círculos buscando que cayera en tu profundidad, hasta que encontré el momento, encontré el camino, y de un golpe seco entré hasta el final, haciendo que dieras un placentero respingo. Y la erección me llevó a empujar con fuerza, cada vez más rápido, haciendo que tus pechos se bambolearan alegremente. Y cada vez te mojabas más, y cada vez me deslizaba mejor, y cada vez más tu humedad me impregnaba, resbalando por el tronco de mi falo y goteando por mi escroto. Y me sentí ido, confuso, abatido, extasiado y una cachetada hizo que agitaras tus caderas y que comenzara a inundarte con mi esencia espasmódicamente. Y la partida terminó, cuando el almibarado néctar resbalaba por tus muslos, cuando ese olor a clímax inundó la estancia, cuando ese grito de placer me indicó que habías vuelto a correrte, cuando caí sobre tu cuerpo completamente derrotado, cuando esa baraja volvió de nuevo al bolsillo de mi chaqueta. ¿Quieres jugar otra partida?
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
INDESCRECIÓN TRANSPARENTE
Indiscreción transparente la del vidrio que muestra el abrazo que te brindo después de nuestro placer. Momento mágico de máxima conexión...
-
El calor tropical de la noche no nos hubiera dejado dormir si no hubiera sido por nuestro tórrido final de velada. Después de cenar y de h...
-
Agotado tras una larguísima jornada, por fin, llegué a mi casa. Habían pasado más de diez horas desde que había salido por la mañana tempr...
-
Estoy muy cansada, fue lo primero que dijiste cuando abriste la puerta de casa, mirándome a los ojos según estaba sentado en el sofá viendo ...
Siiiíi jugaría .....
ResponderEliminarEntonces juguemos.
EliminarEres muy bueno .....haces unas descripciones muy buenas ....me excitas de verdad
ResponderEliminarMuchísimas gracias.
Eliminar