Mañana anodina y cotidiana salvo por el calor que el sol dispensa
que, inevitable y lentamente, se adueña de nuestros cuerpos.
Pasión desbordante que ahoga de deseo la voluntad de nuestras
mentes, convirtiéndonos en primitivos seres que sienten el despertar su celo
cuando el abrasador calor se adueña de nuestros sexos.
Deseo que copular como animales en celo,
acompasando gruñidos,
sincronizando jadeos,
acoplando envites fuertes de nuestros pubis guerreros.
Te lo susurro una vez más al oído mientras tiro de tu cabello
hacia atrás, haciéndote levantar, con gesto equino y obsceno, tu dulce cabeza
al cielo: hoy vas disfrutar como una yegua montada por su potro favorito, por
su caballo rociero.