Anodina mañana de jueves en la que el sol, perezoso, se resiste a
iluminar el día y a templar los cueros. Cuerpos yacientes dormidos en el
discreto tálamo, templo de placeres compartidos. Almas perversas que despiertan
traviesos rincones privados de nuestras anatomías Almas que calientan más que
el propio sol que se anuncia, sexos que curiosos reaccionan.
Deseo febril.
Mástil templado que al alba se yergue cuando mi mente todavía
duerme, buscando entre sueños tu dulce bandera con la que enarbolar la mañana.
Calor ardiente.
Hoy tengo ganas de despertar sobre ti, te tomarte sin permiso, de
cubrirte con mi cuerpo, de poseerte y amarte, de hacerte disfrutar y gozar, de
llevarte al paraíso del placer, de hacer que tu vientre explote hasta
empaparme, y que me exprimas no dejando en mi interior ni una gota de mi
néctar, para deleitarnos los dos con el placer del desayuno más sabroso.
Tras la pasión las miradas, los besos, los abrazos. Una caricia,
un te quiero, una taza de café.
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