Sudor impertinente el que corría por mi espalda cuando la luna se
reflejaba brillando por mi piel. Calor agobiante el que me desvelaba y, sin
razón aparente, hacía que tu cuerpo regresara a mi memoria, tu aroma a mi
nariz, tu sabor a mi boca. Extraña excitación la que se apodera de mi cuerpo
cuando el sol tímido se cuela por las rendijas de la persiana llevando mi
cuerpo a su máxima expresión, rígido e inamovible. Solo una buena ducha me hará
recobrar la calma.
¿Me acercas la toalla?
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