Esta noche tuve calor e hizo que me destapara, dejando mi cuerpo
desnudo flotando sobre las sábanas, húmedas por mi sudor.
Siento el aire acariciar mis nalgas y provoca que la piel se me
erice, como cuando siento tus manos recorriendo mi espalda.
La luz de la luna se cuela entre la persiana de mi ventana y, al
girarme boca arriba, ilumina mi sexo despierto, como si velara mi sueño,
inquieto y expectante, preparado para la lid que ansía ejecutar contra las
curvas de tu cuerpo.
Ese cuerpo ausente que, sin embargo, cada vez que abrazo tu
almohada, hace que me estremezca, inundando con tu recuerdo mi mente, hasta
sentir tu aroma al hundir mi nariz en el plumón.
Ese aroma que me recuerda a esas noches de encuentros,
apasionados, morbosos, salvajemente excitantes que llevan a mi sexo a un grado
más de excitación, que hacen que, inconscientemente, lo frote contra el fino
hilo de las sábanas.
Ese roce que aumenta mi temperatura corporal, que hace que se me
acelere el corazón, que mi respiración se agite, que mis manos me busquen hasta
no poder evitar derramarme como un adolescente.
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