A veces me pides “fuerte”, cuando ansiosa deseas que te empotre
contra la pared.
Solo quieres sentir la dureza de mi acero en tu interior, mientras
sofocada gimes al sentirte plena.
Mueves tus nalgas, de puntillas te pones, arqueas la espalda, sientes
esa cachetada que te hace arder la entrepierna y provoca que mojes mis huevos,
instantes antes de correrte al sentir mi lava blanca inundando tu interior.
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