Y caricias en rincones ocultos te retorcían de placer mientras tus
caderas se elevaban, arqueando tu espalda, clavando tus talones en la cama.
Cada vez te costaba más ahogar en tu garganta gemidos imposibles. Y cada vez
estabas más sorprendida del nivel de excitación que te invadía.
Y el ritmo de las caricias aumentó, en velocidad y en presión, y
una extraña sensación invadió tu vientre, y dudaste, pero seguiste. Y mis dedos
desbocados frotaban ese resorte de placer desconocido por ti, y sentí tus
contracciones, esta vez involuntarias, premonitorias del clímax que se asomaba
entre tus muslos. Y avancé, y aceleré, y perseveré con la certeza de que lo
mejor estaba por llegar, hasta que no pudiste evitarlo y comenzaste a
derramarte como un manantial en primavera, salpicando mi cuerpo con ese nuevo
elixir, jadeando desconsoladamente mientras te retorcías, mientras tu cuerpo
temblaba y se convulsionaba, mientras cerrabas con fuerza tus muslos apresando
mi mano entre ellos, todavía con mis dedos dentro de ti.
Ni por un momento buscaste mi cuerpo, esta era tu noche y tu
placer fue el mío.
Hoy has amanecido sola y el recuerdo de esa sensación ha llegado a
tu mente, y tu cuerpo ha deseado volver a experimentarla. Hoy ya sabes cómo y
dónde acariciar. Hoy lo harás tú sola.
Donde hay un buen maestro todo aprendizaje es un privilegio...
ResponderEliminarSolo los alumnos inteligentes aprecian, disfrutan y aprovechan a un buen tutor. Muchísimas gracias.
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