Juegos de manos a la luz de los faros. Dedos que se tocan al ritmo
del deseo que, sin buscarlo, transmiten el suave movimiento a las caderas, que
se rozan como las yemas de los dedos. Dedos que se entrelazan hasta que se
anudan con los dedos que provocan hasta que nuestras cinturas se frotan.
Hay preámbulos que saben despertar una sensibilidad extrema...
ResponderEliminarEn saber disfrutar de las pequeñas sensaciones radica la esencia del placer sublime.
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