Cuando nos pueden las ganas, resistirse es inútil.
Y poseídos, y con ansia, con desdén nuestras ropas dejamos caer.
Y con firmeza mi cuerpo sobre el suelo tumbaste.
Y con habilidad y certeza con tu piel me cubriste.
Y entre besos y risas, bajo mi ombligo buscaste.
Y golosa, y mimosa, mi ariete cogiste.
Y con perfecta maestría a tu potro montaste, cabalgando con brío
hasta el clímax final.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario sincero sobre lo que te ha parecido el relato. Lo leeré con mucha atención. Gracias.