El juego se prolongó y quedaste con ganas de más.
Voluntariosa te ofreciste,
deseos de más intensas sensaciones.
Con argollas tus muñecas al cielo elevé.
Expuesta quedaste,
tu espalda arqueada,
tus piernas abiertas,
tus nalgas alzadas.
La fusta sonó,
el aire rasgando,
tu culo acogió
el cuero doblado.
Sonrosado y excitado,
unas gotas afloraron,
entre tus torneados muslos,
tu sexo se estaba licuando.
Sin permiso te invadí,
tu cuerpo fuerte tensaste,
después de unas embestidas,
sobre mí te derramaste,
te acompañé en tu placer,
sin pedirlo, y por completo,
con mi esencia te inundé.
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