Juegos prohibidos para pobres de espíritu que, en su estrechez de
entendimientos, ven el amarre como cruel castigo, lejos de entender la libertad
de las cuerdas y el placer de los nudos.
Cuerpo yaciente y caliente que espera impaciente las artes del
deseado amante.
Sexo contrayente en humedad candente al susurro cálido del macho
ardiente.
Posesión profunda con erección potente, que palpita en tu
interior.
Húmedo túnel hiriente, ceñido sobre mí, turgente, palpitando,
desbocado hasta derramarme dentro, inundando tu interior.
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