Mi indisimulable rigidez delató mi estado cuando te pensaba.
Piel de miel,
lengua de seda,
brillo de cera,
placer de rey.
Nada es lo que parece, pues hasta el más romántico de los hombres tiene su lado oscuro.
Mi indisimulable rigidez delató mi estado cuando te pensaba.
Piel de miel,
lengua de seda,
brillo de cera,
placer de rey.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Despierta el domingo con la pereza que despierto yo.
Las nubes grises tiñen el paisaje en blanco y negro.
Al mundo sonrío al percibir el olor a café recién hecho, y espero.
Sé que me traerás una taza, sé que lo saborearemos juntos.
Sé que será el preludio de un amor, de un placer multicolor.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
No busques entre los libros lo que tienes entre los brazos.
Las letras inspiran y evocan,
la piel y la carne confirman.
Deseos que leyendo despiertan.
Amores que besando los sexos enfrentan.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Dulce mañana de enero que se desdibuja según despierta el sol.
Inocente amanecer que se pervierte por el roce de los cuerpos.
Lascivia inminente, deseo latente, pieles pendientes y sexos que
con ansia se buscan para calmar el fuego que entre los muslos tenemos.
Buenos días.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Tras las fiestas vuelve la rutina.
Normalidad adquirida con paso silente,
con ruido de lluvia,
con ducha caliente,
compartida con cariño,
que en el espejo refleja
cuerpos de amantes infinitos,
que buscan los labios,
que encuentran placeres,
que alcanzan delirios.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Los Magos de Oriente obraron su magia la pasada madrugada en casi
todos los hogares del mundo, aunque mi sorpresa fue mayúscula cuando, la mañana
del día 6 me levanté con la ilusión de un niño y fui corriendo al árbol que
adornaba el salón.
Por la noche habíamos preparado una cena especial, nos vestimos
para la ocasión y para saborear ese champán que nos encanta. Una velada
tranquila, en la que no faltaron las fresas que tanto te gustan.
Nos hicimos arrumacos entre sorbo y sorbo. Los besos nos
embriagaron y las manos, descaradas, buscaron las cremalleras, los botones, los
cierres y los corchetes, para desnudar nuestras anatomías y desaforar nuestros
deseos.
La pasión se apoderó de la razón y tu dulce carácter se tiño de energía.
La niña dejó salir a la mujer, que quedó eclipsada cuando asomó la pantera.
Entre ronroneos y rugidos no dejaste pasar la oportunidad para
tomar el control, para tumbarme sobre la cama, para ponerte sobre mí, para
incendiarte entre llamas, para frotarte con descaro, para buscar tu placer, para
perder tu recato, para hacerme desesperar, para montarme sin miramientos, para
buscar tu verdad, y dejar tus necesidades complacidas y saciadas.
Cuando me desarmaste rendido, al tiempo que entrabas en trance, tus
caderas desbocadas me arrancaron un gruñido y una carcajada sorda salió de tu
garganta, señal de que habías quedado satisfecha, de que habías triunfado, de
que te sentías hecha.
Dormimos abrazados hasta que el impertinente sol de la mañana
llamó a la puerta de mis párpados y corrí a ver qué sorpresa tenía bajo el
árbol.
Entre decepcionado y triste, comprobé que no había ningún regalo
para mí y sentí tu presencia en el quicio de la puerta de dos hojas del salón.
Me mirabas traviesa y sonriendo.
Has sido un chico malo, te has portado mal y no tienes regalos,
pero, aun así, no dejaré de follarte cada vez que me apetezca, me dijiste
displicente.
Te sonreí asumiendo, y admitiendo, sin importarme mucho los
presentes al recordar el placer que me regalaste cuando te apoderaste de mí la
noche anterior.
Felices Reyes Magos.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Cayendo la lluvia incesante en un domingo huérfano de emociones,
buscamos refugio en la intimidad del coche. Cristales empañados por el vaho. En
la radio suena una melodía lenta que invita a que nuestros labios se
encuentren. Te arropo con la mantita de viaje, dejando que retoces sobre mi
pecho. Besos nerviosos que provocan la curiosidad de nuestras manos. Cuerpos
calientes en tan minúsculo espacio. Reímos al unísono al recordar aquellos
encuentros furtivos. Ahora, adultos, repetimos escena, con más experiencia,
pero las mismas ganas. Nos sobra la ropa y me dejas quitártela casi por completo, hasta quedar solo vestida con tus braguitas
negras, siempre negras, como entonces. Posturas imposibles, contorsiones
circenses que ponen nuestras bocas en partes prohibidas de nuestra anatomía.
Temperatura que sube, ropa que estorba, cuerpos ensamblados, rítmico cabalgue
el de tu cuerpo sobre el mío, hasta desfallecer al unísono en plena galopada.
Sexos mojados y ardientes. Desenfreno sin pudor. Recuerdos que de vez en cuando
hay que volver a hacer realidad.
Dejemos que llueva.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
El sol caía despacio
mientras tu cuerpo tomaba,
sigue fuerte, me dijiste,
cuando mi cuerpo abrazabas.
La música marcó el ritmo,
tus jadeos mis envites,
mi cuerpo profundo entraba
en todos tus escondites.
Sigue y no pares ahora,
con diligencia accedí,
a empujar fuerte y profundo,
hasta que tu vientre oculto,
con rítmicas oleadas,
de mi interior desbordante
hasta la última gota errante
con tu placer arrancabas,
cayendo los dos complacidos,
con los sexos satisfechos
y las almas elevadas.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Eleva tus pies al cielo,
levanta con fuerza tus muslos,
disfruta cuando te empujo,
y se impacienta tu celo.
Siente como hasta el fondo entro,
empujo brioso y con ganas,
sintiendo cuando ya manas,
y tu alma toca el cielo.
Recupera el ritmo, mi vida,
has desangrado mi esencia
compartiendo con clemencia
tu placer en nuestro clímax.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
No digas.
Felicítame el Año hasta que me duela el alma.
Cabalga sin miedo, relincha el placer,
aplasta mi ego, exprime mi ser,
revienta mi sexo, goza con él,
mi miembro te adora, te riego a merced.
Vacío me dejas, tu gusto e s mi fe.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Indiscreción transparente la del vidrio que muestra el abrazo que te brindo después de nuestro placer. Momento mágico de máxima conexión...