Noche tórrida de anticipado verano en la que, despreocupados,
salimos al jardín, ligeros de ropa, buscando alivio al calor en las inocentes
salpicaduras de la manguera con la que nos hemos dispuesto a regar nuestras
plantas.
El agua surte su efecto y el juego nos lleva a perseguirnos
correteando divertidos, regándonos a nosotros mismos hasta que empapo por
completo tu camiseta roja, haciendo que se marquen tus pezones como dos botones
insurgentes. Desnuda de cintura para abajo, tus nalgas brillan húmedas al
reflejo de la luz de la luna, y tu pubis luce un halo de apetecible bocado.
Te vengas sin piedad arrebatándome la manguera y enchufándome todo
el caudal en la entrepierna, dejándome con los bóxer de lycra, única prenda que
visto, chorreando, ciñéndose más aún a mi cuerpo y evidenciando sin reparos mi
masculina anatomía, no dejando nada a la imaginación.
Y tu mirada se clava bajo mi ombligo y de tus ojos mana un brillo
que identifico al instante. Es el brillo del deseo que acaba de despertar y de
inocular bajo tu vientre su potente veneno.
Quiero inmortalizar esa mirada lasciva y cojo mi réflex que, premonitoriamente,
esperaba su turno en el sofá del porche. Y comienzo a disparar sin consuelo,
buscando captar el momento oportuno.
Y comienzas a jugar el juego que dominas con maestría, sabedora de
que no podré más que sucumbir a tus ganas, el juego de la provocación.
Y te sientas en el canto de la fría y mojada silla de forja que
has colocado frente a mí y tu lujuria se apodera de tu voluntad.
Sin dejar de mirarme fijamente a los ojos a través del objetivo de
la Nikon comienzas el perverso juego, pasando la manguera entre tus muslos y
rozándote con descaro, hasta que la estrangulas sin piedad y cortas el paso del
agua.
Y con insinuante gesto la yergues desde tu pubis, cual potente
erección y, desdoblando la goma, liberas el líquido acumulado por la presión de
tus hábiles manos que, cual surtidor sale hacia el cielo disparado salpicando
todo a su alcance.
Mi sexo se hincha y se tensa en segundos ante el estímulo visual,
alegórica imagen de la masculina descarga por la máxima excitación mientras
sigo haciéndote fotos hasta que me arrebatas la cámara y la devuelves al sofá.
Sin pronunciar ni una sílaba me llevas contigo hasta la silla,
donde vuelves a sentarte y, levantando la cabeza, me miras de nuevo a la vez
que ahuecas mi calzoncillo y me riegas la potente erección que has provocado y
mis hinchados testículos que, al contacto con el agua, se contraen ligeramente,
deslizando poco a poco la prenda por mis muslos hasta sacármela por completo.
Te relevo en el riego y dejo caer el agua por tu espalda mientras
te sacas la camiseta quedando desnuda ante mí.
Me cedes el sitio y te pones sobre mí, a horcajadas, y pasando una
mano entre nuestros cuerpos, te frotas con mi glande hasta que encuentras el
camino para, dejándote caer con suavidad, engullirme totalmente como hembra
hambrienta.
Mantengo la manguera en lo alto, dejando que el agua caiga entre
nosotros.
Tus caderas pronto se impacientan y aumentan el ritmo. Mi miembro
contiene la tensión y el frote con tus nalgas y tus muslos provocan un
excitante chapoteo. Tus pechos deslumbran y mi boca se recrea en ellos a golpe
de besos y caricias con la lengua. Tu respiración se agita y tus gemidos me
desquician casi tanto como la manera que tienes de agitarme en tu interior,
sintiendo que no podré aguantar mucho más, cuando comienzas a cabalgar
desbocada mientras me susurras ¡Riégame!, ¡Riégame por dentro! y sin poder
evitarlo comienzo mi descarga, cual manguera constreñida, mientras ahogados y
roncos gruñidos se escapan de mi garganta al tiempo que me abrazas con fuerza
aplastando tus tetas en mi pecho.
Bajo el agua vuelve la calma. Recuperamos el aliento y vuelves a
mirarme a los ojos, esta vez con el brillo que tienen los de la mujer
satisfecha. Nos besamos cariñosamente mientras te incorporabas liberándome de
tu interior.
Nos duchamos, en el jardín, con la misma manguera, entre juegos,
entre risas.
Nos secamos y, desnudos, nos sentamos en el sofá donde recupero la
cámara, no pudiendo evitar revisar las fotos hechas.
Elegimos esta.