Dicen que el amor no dura más de
cuatro años, podría ser, pero estoy seguro de que, si el deseo es eterno, la
pasión es perenne. ¿Tú qué crees?
Nada es lo que parece, pues hasta el más romántico de los hombres tiene su lado oscuro.
Dicen que el amor no dura más de
cuatro años, podría ser, pero estoy seguro de que, si el deseo es eterno, la
pasión es perenne. ¿Tú qué crees?
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Y de la misma manera que la madera
de la cerilla va consumiéndose lentamente al arder por la llama, tu cuerpo va
prendiéndose en el lujurioso encuentro, caricia tras caricia, beso tras beso. Y
de la misma manera que, cuando la llama llegue a la base, la peana de fósforos
entrará en mística combustión, tu cuerpo explotará en un clímax salvaje cuando
el calor de tu entrepierna se haga inaguantablemente excitante, momento en el
que, en mágica comunión, arderán nuestros cuerpos fundiéndose en un solo ser.
¿Comenzamos la jornada ardiendo?
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Domingo de asueto, reposo y descanso. Más las labores domésticas esperan y
toca ordenar y limpiar el hogar. Mañana de coladas, aspirador y fregona. Ya
casi concluida la faena, llega el momento de hacer una pausa, reponer energías
y encarar la recta final del zafarrancho, antes de pasar por la ducha, para
aprovechar la mañana y salir a tomar un vermut.
Pero cómo olvidar el olor embriagador de tu cuerpo y el tacto aterciopelado
de tu piel. Recuerdos que me invaden según voy volteando la manzana, igual que
te volteaba anoche sobre mí. Fue una velada completa, frugal cena, picoteo y
vino tinto, acompañada de miradas cómplices, frases incendiarias, insinuaciones
sutiles, dobles sentidos y poses provocadoras, que nos llevaron a olvidar el
postre cuando nuestras bocas se encontraron. Hambre teníamos, más no tanto de
comida como del otro. Poco nos duró puesta la ropa cuando nuestras lenguas se
enzarzaron. Hábiles dedos que desabotonaron blusas, soltaron corchetes,
liberaron cinturones y bajaron cremalleras. Hábiles manos que sacaron
camisetas, deslizaron bóxeres, apartaron braguitas, rozaron, cogieron,
acariciaron, frotaron. Excitados sexos, húmedos, calientes, duros, erguidos,
abiertos, turgentes, empapados. Nos bastó una pared contra la que apoyar tu
cuerpo y una silla, que hábilmente utilizaste para levantar una pierna y
facilitarme la labor de la profunda penetración que los dos deseábamos.
Abrasaste mi verga con tu fuego interior, impregnaste mis testículos con tu
dulce elixir, que manaba cual fuentecilla discreta, poco a poco, pero sin
parar. Mordiste mi pecho y te viste reflejada en el brillo lascivo de mis
pupilas, arañaste mi espalda, te aupé por las nalgas, gemías, lamías, mordías,
sudabas. Tus tetas a veces bailaban, a veces quedaban aplastadas contra mi
pecho. Y tu clítoris se hinchaba, frotado y estimulado por mi pubis,
completamente ceñido al tuyo.
Tu respiración se entrecortó y el aire te faltó. Sin disimulo jadeabas y tu
hiperventilación anunció el estallido de placer que buscabas. Te abandoné,
volteé y quedaste cara la pared. Entre tus nalgas mi falo deslicé, de puntillas
te pusiste, con las manos elevadas y apoyadas en la pared. Sujetándote por las
caderas y moviendo mi cintura busqué tu humedad y, cuando sentí tu calor
abrasador, con un empujón fuerte y seguro llegué al fondo de tu cuerpo,
quedando mis testículos colgando en la entrada de tu gruta del placer. Comencé
a moverme, arqueaste tu espalda, mordí tu cuello, busqué tu boca, gemías loca,
y una cachetada sorda te hizo revolverte mientras agonizaste: -no aguanto más...,
y comenzaste a disfrutar de unos espasmos, unas contracciones, una tiritera,
una flojera en tus piernas, que hacían que tu coñito y tu cintura se retorciera
sobre mi verga, que no tardó en inundar tu interior al tiempo que empujaba
fuerte y palpitaba dentro de ti. Sudados y exhaustos, nos fuimos a la ducha.
Recuperadas las fuerzas, nos tomamos el helado, que de postre teníamos
preparado. Nos miramos a los ojos, alargué la mano y acaricié tu rostro,
todavía sonrojado. Dormimos abrazados. Y sigues descansando, ajena a mis
labores. Descansa, recupera, te quiero fresca para, cuando tomemos el vermut,
si se tercia, darte otra oportunidad, esta vez sobre la encimera de la cocina.
Antes me comeré la manzana. ¿Te despierto a alguna hora?
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Incontrolable fue el placer que entregado a ti me diste. Oírte
susurrándome: “túmbate y cierra los ojos” fue lo suficientemente demoledor como
para evitar mostrarte en plenitud máxima mi masculinidad palpitante. Poco más
recuerdo que tu aliento cálido y húmedo sobre la piel de mi vientre, cuando mi
mente se fundió a negro, como en el mejor plano cinematográfico. La oscuridad
cayó en mis ojos, la sordera en mis oídos y lo único que sentía era tu lengua
ávida devorando la parte más sensible de mi anatomía, engulléndome con gula y
proporcionándome un placer indescriptible. Sentí que el control perdía y mi
tímida súplica “para, no aguanto más” sólo hizo que animarte a acelerar tus
movimientos y la presión de tus labios sobre mi intimidad. Apreté mis músculos
intentando contenerme, tensé mis muslos, contraje mi esfínter, pero
incontrolablemente comencé a sacudirme espasmódicamente mientras lanzaba con
fuerza el jugo de mi excitación acompañado de indescriptibles sonidos
guturales. Obtuviste tu premio “buen chico” me dijiste, sabiendo que ahora
llegaba tu turno.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Y si te pierdes, no te pongas nerviosa, y si la encuentras, sé honesto.
Nunca te abandonaré, te buscaré hasta encontrarte, hasta recuperarte, hasta
tenerte de nuevo para protegerte y amarte. ¿Te perderás?
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Mujer que se entrega a su amante.
Ojos cerrados, piel sensible, mente abierta y cuerpo predispuesto a compartir
el placer.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Hoy necesito sentir esa viscosa y cálida humedad en la yema de mis
dedos. Tener tu cuerpo a mi antojo, sentir el calor de tu espalda, de tus
nalgas. Solo cierra los ojos, concéntrate en las caricias, en mi aliento en tu
nuca, en tu placer. Hoy quiero complacerte. ¿Me dejas?
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Hay días en que me apetece que me
hagas tuyo. Que me busques, que me agarres sin contemplaciones, que te dejes de
sutilezas cuando los dos nos sentimos animales en celo, cuando huelo y busco tu
sexo, húmedo e intenso, para lamerlo con desesperación, cuando mi verga
hinchada busca tu cuerpo, cuando me siento como ese semental que quiere montar
a su yegua. Salvajes y animales, instintivos y ardientes, poseídos por el
embrujo de la excitación mayúscula.
Esta, mi historia, no es en sí un gran relato, sino más bien, microrrelatos, más o menos extensos, más o menos autobiográficos, donde se mezcla el recuerdo de experiencias con fantasías, de olvidadas sensaciones con deseados encuentros. No es mi ánimo ofender a nadie, pues en el fondo es una forma de terapia para calmar los diablillos que habitan en mi mente, a veces traviesos, a veces oscuros, pero siempre respetuosos con todo el mundo.
Es cierto que se divierten dibujando en mi mente situaciones que, en mi intimidad, me atrapan y doblegan, haciéndome caer en el pecado de la carne.
Parafraseando al popular cantante, "a mis cincuenta y tres, cincuenta y dos dicen que aparento", lo que me hace tener cierto bagaje sin perder por ello, ni un ápice, el brillo curioso en mis pupilas, las ganas de aprender, de conocer, en definitiva, de vivir.
Espero que, desde ahí, disfrutes con mis humildes aportaciones, las leas, y seas indulgente con este aficionado autor, partiendo con la premisa, precisamente, de que son pequeñas historias contadas por un amateur.
No te robo más tiempo y te invito, humildemente, a que leas y opines, con toda tu sinceridad. Aprenderemos los dos.
Se os saluda.
Indiscreción transparente la del vidrio que muestra el abrazo que te brindo después de nuestro placer. Momento mágico de máxima conexión...