Un amanecer al alba,
calor
de duro verano,
un
“ven”, alargas la mano,
voy
tras de ti a la terraza.
Patio
de rural estancia,
muros
de anciana piedra,
recuerdos
sin arrogancia.
Una
casa en la Toscana,
un
amor enamorado,
un
deseo del pasado,
un
encuentro que complazca.
Esa
silla abandonada,
tu
sonrisa ladeada,
ese
brillo en tu mirada,
mi
mano bien sujetada.
Me
sientas sin decir nada,
a
horcajadas me cabalgas,
gimes,
jadeas, me clamas,
hasta
que al fin me derramas.
Un encantador escenario donde la naturaleza es el único testigo del placer...
ResponderEliminarLa naturaleza, como testigo cómplice, que todo lo ve y nada desvela.
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