Y cuál Ángel resurgido me dispuse a comerme el nuevo día,
recordando de buen pronto el calor de tu lascivia.
Cuerpo de poderosa hembra, piel aterciopelada, caderas de pura
diva.
Y ante ti comencé el rito, de entregarte mi lujuria, deseando
devorarte hasta complacerte toda, llevando tu excitación a niveles donde tu
poca paciencia, te lleva a pedir clemencia, te hace rendirte entera y plena, al
sagrado encuentro cuando se humedece tu entrepierna.
Qué bonito!!!! Una experiencia nada religiosa pero que haría tocar el cielo...
ResponderEliminarMuchas gracias, una experiencia carnal que eleva el alma.
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