Dime qué tiene esa sonrisa,
que cuando tu risa desata,
no sé di de mí te ríes
por derramar mi fragancia.
Prisionero de tus muslos,
a tu antojo y desarmado,
haces de mi cuerpo un río
cuando lo crees necesario.
No puedo resistirme a ello,
pues antes que yo, te complazco,
sabiendo que deseosa,
tras tu placer bien gozado,
tienes tu justa revancha,
llevando mi duro sexo,
cuando quieres, como quieres,
a su mayor desbordado.
Cuánto encanto y atracción en tus palabras...
ResponderEliminarMuchas gracias.
Eliminar